OPINIÓN E IMAGEN
Cañuelo

De Acebes en el paraíso de los delfines

José Antonio Zarzalejos parece apostar ahora, aunque explícitamente asegure que él no apuesta, sino que amplía "la quiniela", por Ángel Acebes. ¿Por qué? ¿Dónde quedan los entusiasmos de antaño que el periódico ABC, dirigido por Zarzalejos, demostraba hacia Jaime Mayor Oreja, el general Custer de la campaña del Norte? ¿Dónde los guiños a Rodrigo Rato? Un aspirante ha quedado ya excluido, a juicio de los aznarólogos más acreditados. Se trata de Alberto Ruiz- Gallardón. Ha vuelto a caer en desgracia, según empieza a ser un clamor en los cenáculos y mentideros de la Villa y Corte. El caso Cobo; o sea, el caso Verdes; o sea, el caso Bastarreche; o sea, el caso Paloma García Romero; o sea, el caso Madrid entero chamusca peligrosamente, como mínimo, al virginal Albertito. "Ya nadie, sentencia el director de ABC, especula sobre las oportunidades de Alberto Ruiz-Gallardón, al menos en el turno de 2004". Él, en la misma edición del rotativo que fuera de la familia Luca de Tena, trata de capear el temporal, declarando: "Como alcalde de Madrid, no tengo la cabeza puesta en otro sitio ni tengo una estrategia política para dejar este sillón".

Han brillado de pronto, en medio de las tinieblas del Gran Misterio, los aceros de las dagas que buscan la yugular del adversario. Esperanza Aguirre, por voluntad propia o más bien por encargo, señala con el dedo acusador a Ruiz-Gallardón, de momento como chico inquieto, demasiado ambicioso y en exceso díscolo. Manuel Cobo ha pasado del anonimato, situado durante años entre bambalinas, ejerciendo en la sombra de  Merlín  de Alberto, a convertirse en uno de los actores de la tragicomedia. Su nombre anda vinculado al omnímodo holding de las empresas constructoras de su padre, pero también  de su madre y de su hermana. Sus explicaciones, en apariencia convincentes, sobre cómo un hijo enemistado con su padre, o viceversa, puede llegar a ser nombrado apoderado empresarial de su progenitor, sin él saberlo, continúan multiplicando hasta casi el infinito la fantástica teoría de que la vida, aparte de ser una tómbola, que beneficia siempre a los de siempre, no es más que un cúmulo monumental de casualidades sin relación alguna entre ellas. Cobo ha consolidado todavía más la tesis del PP, desde el inicio del pavoroso escándalo de la Comunidad de Madrid, según la cual todas y cada unas de las pistas o indicios que  colocan al partido en el Gobierno como parte activa de la trama no son más que casualidades, hechos fortuitos, cosas raras que, a veces, ocurren por qué sí, no le busque usted, por favor, tres pies al gato.

Pero, además, Manuel Cobo, aunque desmentido, de puntillas y de trámite, por su jefe y protector, Ruiz- Gallardón, ha abandonado el segundo plano de la discreción al denunciar, sin pelos en la lengua, que había guerra sucia en el proceso sucesorio de Aznar. Cobo cree, con más conocimiento de causa que muchos otros, que este auto sacramental, diseñado en loor y mayor gloria no de la Eucaristía, como era la tradición, sino de José María Aznar, acabará incluyendo, si no ha empezado ya, un espectacular reparto de obleas más propio de un Congreso Eucarístico que de una pacífica rotación sucesoria dentro de un partido de gente educada, cortés y hasta caballerosa. Gente, a la postre, "de principios" que, entiende el director de ABC, es lo que busca Aznar para sustituirle. Argumenta Zarzalejos: "Si Aznar busca un hombre de principios que sepa y quiera aplicar el reglamento a los nacionalistas vascos; que esté convencido de que su política exterior, aun arriesgada, es la mejor apuesta de futuro para España, y que asuma la disciplina económica y financiera del Estado, ¿por qué no Ángel Acebes?"

Hace tiempo lanzó este nombre al ruedo Felipe González. Se hicieron chanzas, ocasionó chascarrillos, le llovieron una vez más, al ex presidente, los insultos. "En quien de verdad confía Aznar es en Acebes", dijo González. ¿Se ha hecho felipista Zarzalejos? El director de ABC, en todo caso, suscribe lo siguiente: "A la pregunta (¿por qué no Ángel Acebes?), cuando se espeta a algún avisado que perora sobre las posibilidades de Rato, o de Rajoy  o de Mayor (...) se responde con un encogimiento de hombros y una frase recurrente: ‘Le falta recorrido’. No sé muy bien qué es eso del recorrido, pero me figuro que tiene que ver con el índice de conocimiento en las encuestas que publican los medios de comunicación, con la ausencia del titular de Interior en el palco del Real Madrid las tardes de domingo, con la nula estridencia en sus palabras y gestos, con la sobriedad de su trayectoria, con el exceso de su modestia y con su capacidad, enorme, de compromiso ideológico en el PP y con los principios de un hombre serio, riguroso y coherente. ¿No son Rato, Rajoy y Mayor serios, rigurosos y coherentes? Por supuesto que lo son, pero lo es también Ángel Acebes, ‘pata negra’ en el PP, alcalde, diputado, coordinador de la Organización, con experiencia de base, dos veces ministro –y, ambas, eficaz y voluntarioso– y en un segmento de edad, los cuarenta y tantos, que se inserta en una generación de cuadros del partido a los que les ‘queman’ algunos ramalazos de divismo en determinados grandes popes conservadores".

Semejante panegírico de Zarzalejos puede ser una casualidad más en este fascinante cuento de hadas en el que el PP ha trasformado la crónica de la actualidad, con el NODO de Sánchez y de Urdaci, presto a reescribir cada día Alicia en el país de las maravillas. Sin embargo, parece más plausible, desde luego bastante más verosímil, que Zarzalejos haya practicado el género del globo-sonda como benemérito servicio a José María Aznar. ¿A través del hermano del director de ABC, que es uno de los fontaneros de Presidencia? "No te equivoques, José Antonio, en la coyuntura presente, Aznar está cada vez más inclinado a elegir como  sucesor a Acebes quien, como San Juan, es su hijo bien amado en quien tiene depositadas todas sus esperanzas. Naturalmente, el presidente duda porque no ignora que le falta aún ‘recorrido’. Creo que te marcarías un tanto si le echas un capote al favorito de Aznar", le pudo perfectamente decir Javier Zarzalejos a José Antonio. ¿Es un invento? ¿Es una casualidad? Da lo mismo.

De pronto, el ministro del Interior, Ángel Acebes, ha entrado en el paraíso de los delfines. Mientras escribo, oigo por la radio que Rafael Simancas ha sido despojado de su escolta. En cambio, Esperanza Aguirre, Concepción Dancausa, la presidenta bastarda de la Asamblea de Madrid, o Jesús Pedroche, el ex presidente de la Cámara, aquel opusino de Trento que echó a su secretaria por haberse quedado embarazada fuera del matrimonio, retienen a sus custodios. No salgo de mi asombro. O tal vez he agotado desde 1996 mi capacidad para el asombro o, siquiera, para la perplejidad. Quizás sea un error involuntario. O también una casualidad. Otra más. Acaso, no obstante, este suceso haya que enmarcarlo en la carrera de obstáculos que el candidato Acebes debe superar en su marcha hacia el Delfinato. Castigar a Simancas constituye un mérito relevante en el PP. ¿Quién se ha creído que es este tipejo, sin estirpe ni currículo, dispuesto a convertir la Autonomía de Madrid en un contrapoder frente a La  Moncloa y, lo que es peor, a jodernos la marrana a todos mediante medidas de carácter urbanístico de corte demagógico, populista o marxista? Y, encima con escolta. Aquí hasta los gatos pretenden llevar  zapatos

28.07.03


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