Nº 698 - 05 de Junio de 2006

De cómo se va cerrando el cerco sobre los desmanes de la COPE

El sábado 27 de mayo, el diario ABC llevaba a su portada la noticia de que Vocento y ABC habían interpuesto “una demanda contra Federico Jiménez y la COPE”. Una muy buena noticia que hay que sumar a la reciente resolución del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ) expresando su respaldo al magistrado instructor del caso 11-M, ante “la virulencia y gravedad de los insultos y descalificaciones” vertidas contra él por el conductor del programa La mañana de la cadena radiofónica propiedad de la Iglesia católica española. Adoptada por unanimidad de sus miembros, de mayoría conservadora, el CGPJ se refiere en concreto a los comentarios sobre la actuación del magistrado del Juzgado Central de Instrucción número 6 de la Audiencia Nacional, Juan del Olmo, realizados por Jiménez Losantos el pasado 25 de mayo, así como en un artículo publicado el 26 de mayo en el diario El Mundo.

En el artículo del periódico que dirige Pedro J. Ramírez, Jiménez Losantos afirmaba que el magistrado “carece de fortaleza física y psicológica” para llevar adelante la instrucción del caso 11-M. Tras mencionar algunos problemas visuales del juez Juan del Olmo, se preguntaba: “¿Qué graves compromisos ha contraído el juez para mantenerse en la instrucción de semejante caso?” El órgano de gobierno de la Judicatura sostiene  que “en el supuesto concreto que motiva este acuerdo la virulencia y gravedad de los insultos y descalificaciones vertidas contra el magistrado referido resultan de todo punto rechazables desde la defensa objetiva del necesario respeto que merece el ejercicio de la función judicial y la confianza de los ciudadanos en la justicia”.

El acuerdo del CGPJ subraya que “la crítica hacia las resoluciones judiciales resulta siempre lícita y deseable en un Estado de Derecho, pero no permite ni puede amparar los ataques personales ni la deslegitimación de los jueces y magistrados titulares del Poder Judicial”. Asimismo, y por otra parte,  el secretario del Juzgado que dirige Juan del Olmo ha formulado una crítica velada, aunque rotunda y clara, a la actitud adoptada por el Partido Popular y, más en concreto por su presidente, Mariano Rajoy, contra la tarea del magistrado durante la investigación de los gravísimos atentados sucedidos en Madrid en la mañana del 11 de marzo de 2004. La Secretaría Judicial, sin embargo, asume su responsabilidad en el error que permitió la excarcelación de uno de los procesados, pero tal equivocación la achaca al “cansancio y desgaste” y la “presión mediática”.

Este informe de la Secretaría del Juzgado, que ha sido trasladado también al CGPJ, alude críticamente a Mariano Rajoy, como líder del PP. Se asegura que Rajoy se sumó a la campaña mediática de presión contra el magistrado Del Olmo.  Es decir, que el periodismo basado en el insulto, la afrenta, la descalificación, la grosería soez dirigida al adversario, el catastrofismo sistemático, la falsedad deliberada y permanente, sectario hasta los tuétanos; el periodismo que practica con toda impunidad y el visto bueno de los obispos Federico Jiménez Losantos comienza a ser objeto de una conjunción de indignaciones colectivas desde muchas e importantes instancias de la sociedad española.

Tanta desmesura reiterada ha de llegar a su fin. Los máximos responsables de tamaño desaguisado son los integrantes de la Conferencia Episcopal Española. Unos porque protegen y jalean a Jiménez Losantos. Otros, por timoratos y pusilánimes. Aquéllos, porque temen las represalias del periodista, un peligroso enemigo, si es expulsado de la emisora. En estos últimos años, los prelados católicos han generado un monstruo y ahora no saben cómo liquidar el invento. Tal vez ni siquiera quieran liquidarlo. Disponen de un arma de destrucción masiva bastante más potente que la adjudicada por Bush, Blair y Aznar a Sadam Hussein, y no están dispuestos a prescindir de este relevante plus de superioridad.  Al fin y al cabo, a lo largo de la historia y hasta hace bastante poco, el papado contaba con ejércitos propios, guerreaba en función de sus intereses y entraba en cruzadas, lo que hacía en nombre de Dios. En la actualidad los clérigos de nuestro país se sienten protegidos por la fuerza de choque mediática que significa la COPE, que también lanza sus obuses en nombre de Dios. Y no en vano.

Una investigación a fondo sobre el funcionamiento interno de la cadena episcopal sería aleccionador y ayudaría a revelar la madeja de intereses económicos y de poder que se mueven en el entorno y en el interior de la COPE. También sería un ejercicio pedagógico muy interesante saber las cifras de dinero que se manejan y lo que cobran los comunicadores principales, incluidos sus porcentajes en relación a los ingresos publicitarios. Nos acercaríamos de esta guisa a parámetros que se deben situar sin riesgo de equivocación en las antípodas de la pobreza y la caridad contempladas desde la óptica de los evangelios.

Se multiplican en todo caso los indicios y los síntomas que permiten suponer que el cerco a los desmanes de la COPE se va estrechando día a día de manera más bien irreversible. El egocentrismo de Losantos y de sus compañeros de gratificantes fatigas es de una magnitud sin parangón. Su osadía parece carecer de límites o fronteras. Hasta el momento el tinglado les ha sido favorable. Pero las cosas están cambiando. Algún día la Iglesia tendrá que pedir perdón públicamente por haber patrocinado un modelo de periodismo que vulnera habitualmente aquello tan bonito de que “la verdad os hará libres”

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