Nº 697 - 29 de mayo de 2006
De Dávila y su amigo Zaplana
Cierre de filas en el frente mediático de la derecha ante la situación inquietante por la que atraviesa Zaplana. Carlos Dávila defiende al portavoz parlamentario del PP en La Razón. Cada cual lo hace en su trinchera y a su manera. Dávila no se anda con florituras. Es leñero y tosco. Es básicamente testicular a la hora de argumentar. Subraya Dávila: “Zaplana es de los pocos dirigentes del PP que están seguros de esto: ponerse de rodillas delante del PSOE únicamente sirve para que la patada, en vez de dártela en los cojones, te la den en la barbilla. Algo que los “derechorros” de este país, siempre bienpensantes respecto a los ardides de la izquierda, se niegan a creer”.
Lo que le ocurre a Zaplana, atrapado por los presuntos escándalos económicos en los que pudo participar o participa aún, entre los cuales el de Tierra Mítica, es presentado por Pedro J. Ramírez como una persecución del Gobierno de la que sería víctima el bravo disidente que es capaz de plantar cara al todopoderoso, al tirano. Zaplana está siendo acosado y tal vez llegue a ser mártir a causa de su valentía cuando toca enfrentarse a Zapatero, que empieza a ser descrito por los periodistas conservadores como si fuera el tirano Nerón. El pecado de Zaplana no es otro que exigir a La Moncloa zapateril que investigue de verdad el 11-M, o sea, que se certifique de una vez la autoría directa, indirecta o lo que sea de ETA y quepa hablar con propiedad de que todo aquello fue una espeluznante conspiración, tutelada por el PSOE y otras ramificaciones internacionales, para desalojar del Gobierno al PP.
La referencia al 11-M aparece también naturalmente en el artículo de Dávila: “Durante los días del 11-M, García Farreras (entonces director de Informativos de la SER), el director que le ha dejado al Real Madrid un agujero en televisión de cinco mil millones de pesetas, su colaborador necesario, Pérez Rubalcaba, y el jefe de ambos, Rodríguez Zapatero, utilizaron como nunca se había hecho en país alguno una campaña de SMS dirigidos a, primero, asentar la imagen de un Aznar y un PP absolutamente mentirosos y, segundo, a convocar a todos los militantes del PSOE y asociados para apedrear aquí, allá y acullá, todas las sedes del PP” (Por cierto, esa leyenda tan repetida desde la madrileña calle de Génova, vía cercana a la plaza de Colón, según la cual fueron apedreadas todas las sedes del PP, es rotundamente falsa. El tramposo Dávila se suma con entusiasmo a otras de las mentiras del PP).
Menciona este comentarista de La Razón la difusión desde la Secretaría de Estado de Comunicación de una información de la SER sobre uno de los múltiples affaire en los que aparece envuelto Zaplana. Avisa que Zaplana no va a ir contra sus acusadores “con un lirio en la mano cantando puerilmente «Con flores a Maria…», ya que estamos en mayo, mientras ellos le esperan, en la acera contraria, con una navaja entre los dientes como el indio Jerónimo; Zaplana no se queda quieto y no se va a dejar laminar por los dinamiteros del SMS. O Zapatero o De la Vega tendrán que responder en el Parlamento cómo es posible que con los móviles pagados por todos los contribuyentes, La Moncloa advierta a sus periodistas de cabecera que la SER, la radio amiga, va a levantarle los sesos nada menos que al jefe parlamentario de la oposición”.
El periodista citado, que ejerce de custodio de Zaplana, al igual que casi toda la tropa periodística de derechas, denomina “derechorros” a quienes, en el interior del PP, se muestran disconformes con el ex ministro de Trabajo y ex presidente de la Generalidad valenciana, así como con Acebes. El vocablo vuelve a salir en este otro párrafo: “Si este bochornoso incidente vale para que un buen sector del partido de Zaplana se entere, de una vez por todas, de con qué clase de tipos se está jugando la vida, Zaplana y algunos otros darán el asunto por bien empleado; ahora bien, si como puede parecer, los “derechorros” aprovechan el fiasco para seguir bisbiseando maldades inventadas contra Zaplana o el propio Acebes, habrá que asegurar que el Gobierno SMS ha tenido un éxito rotundo”.
Y es que ese grupo de “derechorros”, que cabe pensar que son algunos de los colaboradores más próximos a Rajoy y, sobre todo, del estilo de Ruiz-Gallardón y de Piqué, o del gallego Núñez Feijóo, son también malditos. Dávila carga nuevamente contra ellos mediante una alusión subliminal al ABC de Vocento o probablemente al diario valenciano Levante. Dice Dávila: “No se puede olvidar que antes de que la conjunción de Moncloa y el fiscal general del Estado hayan decretado la cacería del portavoz del Partido Popular en el Parlamento, Eduardo Zaplana, un grupo de “derechorros” se han venido ocupando diariamente desde un grupo periodístico (la segunda marca de Polanco, en realidad) de zaherir al ex presidente de la Generalidad valenciana con toda suerte de improperios”.
El coro zaplanístico, que ha estado siempre convenientemente engrasado, observa con pavor cómo al buen amigo cartagenero le crecen en las últimos tiempos los enanos. El cerco se va estrechando. Se acumulan las denuncias contra él y se multiplican los asuntos judiciales en los que de un modo u otro está inmerso. Nadie debe sorprenderse. Lo sorprendente es la impunidad tan prolongada con la que este político ha venido actuando desde que accediera a la Alcaldía de Benidorm por procedimientos más que sospechosos y merced a una concejal tránsfuga del PSPV-PSOE. Y tamaño historial no lo modifica ni Dávila. No es un problema de cojones, sino de transparencia
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