De la catalanofobia, de ‘La Razón’ y de Boadella
Nº 693 - 01 de mayo de 2006
Catalanofobia barata, con dosis de pretendido humor, la exhibida el 22 de abril por José Antonio Vera, ex director de La Razón y formalmente director general de Publicaciones del invento de Anson. El aludido invento lo financia José Manuel Lara Bosch, planetario magnate de medios como Antena 3 y Onda Cero. Lo cierto es que La Razón sin Anson apenas es nada. Su director actual, José Alejandro Vara, es más bien insípido, aunque no incoloro. Es, en el sentido cromático, igualito que Anson, pero de muy baja intensidad creativa. Aparece a veces en la tertulia de Federico Jiménez Losantos, como Dios manda, por supuesto, y pasa inadvertido. Repite obviedades respecto al universo pepero en el que se mueve.
Entre Vera y Vara el diario languidece y muchos de sus lectores, núcleo duro del facherío sociológico, añoran las excentricidades y los deliriums tremens de Luis María. Por cierto, ¿qué se ha hecho de ese denominado maestro de periodistas y, a la vez, académico de la Española? Se fue de La Razón peleado públicamente con Lara Bosch, que antes lo había defenestrado. Le buscó las cosquillas por ser, además, copropietario del diario en catalán Avui, gravísima circunstancia que la solemne españolidad de Luis María no podía consentir. Ya se ve que lo catalán molesta por lo general a los forofos de España, una y no cincuenta y una, aquello que recordaban en la transición los amigos de Blas Piñar y que ahora, con otras palabras, reiteran los amigos de Mariano Rajoy.
Luis María Anson halló refugio, en apariencia de lujo como corresponde a tan gran señor, en el Grupo Intereconomía, que preside precisamente un anticatalán visceral como es Julio Ariza, antiguo diputado autonómico del PP y chambelán de estar por casa de Alejo Vidal-Quadras, patriota furibundo cuya obsesión en la actualidad consiste en repetir por activa y por pasiva ¡”Váyase, señor Piqué!” Vidal-Quadras se mueve en el fundamentalismo españolista y no soporta que un catalanista suave y contenido como es el ex ministro de Aznar, sea su sucesor al frente del PP catalán. Lo último que se sabe de Anson es que pretende montar, en la órbita de Ariza, no se sabe qué circo con José Luis Moreno, el hortera ventrículo, multimillonario gracias a sus suculentos negocios mediáticos con la televisión pública del Estado.
Otras versiones, sin embargo, apuntan que el viejo camaleón del periodismo ha empezado ya la fase de tensión con su nuevo señorito. Anson quiere un periódico, desde donde dispararía contra ABC y contra La Razón y contra cuanto tenga alguna relación positiva con el socialismo. Hoy por hoy, salvo que se multipliquen los favores de Esperanza Aguirre, Julio Ariza no se lo puede permitir. Bastante ruina es ya su radio, su panfletillo nacional católico y su Época, la rancia revista que fundara hacia los años ochenta Jaime Campmany, que en paz descanse.
Esperanza Aguirre ejerce con fruición de mecenas. Le fascina, por ejemplo, Boadella a quien lo ha favorecido generosamente desde que rompió con el ámbito del PSC y se incorporó al grupo de los espadas boys, los llamados Ciutadans de Catalunya, partido non nato, aunque, eso sí, en prolongado estado de gestación, dispuesto a convertirse en el terror del nacionalismo catalán. En la edición madrileña de ABC, hace unos días, el cronista Ignacio Ruiz Quintero dedicó su columna a Boadella quien, al parecer, frecuenta los toros, también conocidos como Fiesta nacional. “Quiero decir que Boadella no ha recibido en su vida tantas zalemas sociales como ahora, y todo por la gracia que entre la guapa gente de derechas supone ir a los toros siendo catalán”, apuntaba Ruiz Quintero.
“El Domingo de Resurrección lo pasó Boadella en Sevilla. Por la mañana, en el Teatro Lope de Vega, pegando el pregón taurino. Por la tarde, en el palco de la Maestranza, pegando la hebra con los maestrantes. Tieso en el teatro. Tieso en la plaza. (…) A su lado, sin dejarlo ni a sol ni a sombra, Aguirre, la presidenta. Cuchuchú, cuchuchú, cuchuchú. Por su fama de “rojo cultural”, Boadella es la clase de personaje que quita todos los complejos a estos políticos de derechas, y estos políticos de derechas, en cuanto se quedan sin complejos, hablan como sacamuelas. A Aguirre le quita el hipo Boadella (…) Lo que importa es la instantánea cultural con Boadella. A lo mejor era esto a lo que se referían los intelectuales de Aguirre con su consigna de “!Esperanza sí tiene huevos!””. Y dinero.
El artículo mencionado de José Antonio Vera, quien a su edad va de joven informal y con flequillo, a pesar de que en eso le lleve mucha ventaja José Oneto, no merece más allá de un vistazo rápido. Con este párrafo casi basta y sobra: “Van creando nasiones y reivindicando la vuelta de la República y de Companys, pero sin perder de vista lo principal, que siempre es la pela”. Lo dicho, catalofobia barata, de baja estofa, pegadita a los tópicos y los lugares comunes. Hasta José Luis Moreno superaría la retórica huera de Vera. Y Anson no digamos. Habría montado un pollo de esos que cada dos por tres colapsaban la centralita de ABC, según se encargaba él mismo de propagar.
La Razón no es lo que era. A Lara, cuya raíz paterna es andaluza, le importa sobre todo “la pela”. Y la pela no abunda en el periódico madrileño. Tampoco en el Avui catalán. Pero la pela le llega a raudales, dicen, merced a la concesión de Antena 3 que le otorgó Aznar. En cuanto al Avui, habría que preguntar en el tripartito cómo y por qué Lara, que no ha hablado en catalán en su vida, aceptó el encargo de Maragall de reflotar con Godó un diario como el citado que hace demasiado tiempo que económicamente va a la deriva.
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