De ciertos intelectuales que están de moda

Nº 686 - 13 de marzo de 2006

Antonio Elorza escribe en El País habitualmente. A veces, leyéndolo, daría la impresión sin embargo de que es un columnista de El Mundo, lo que en sí mismo no es negativo ni criticable, por supuesto, aunque llame la atención poderosamente.  Este catedrático de Pensamiento Político escribió un artículo sobre Zapatero, el pasado 4 de marzo, que termina afirmando que en la película Soy Cuba, de 1964, nunca proyectada en la isla, y sí recuperada ahora en Italia, “los guerrilleros bajan triunfantes de la sierra. Nada nubla su entusiasmo, tal vez porque como sucede en el caso de nuestro nuevo héroe político, no saben demasiado adónde se dirigen”.

Ese “nuevo héroe político” aludido por Elorza  es, desde luego, Zapatero. ¿No sabe Zapatero demasiado adónde se dirige? Si así fuera habría que confirmar el diagnóstico de Mariano Rajoy cuando definió al presidente del Gobierno como “un tonto de solemnidad”. Los tontos acostumbran a caminar sin rumbo, incapaces de orientarse y de seguir con una mínima coherencia el sendero emprendido. Los tontos de solemnidad, todavía más. Todo un peligro, todo un riesgo. Estamos en manos de un político que ignora hacia dónde se dirige. Peor aún: es imposible que llegue a saberlo debido a su cortedad mental.

El catedrático Elorza, en cambio, exhibe siempre en sus escritos una gran superioridad intelectual, no exenta de prepotente arrogancia. Coincide básicamente con el grupo de pensadores, intelectuales, profesores o periodistas que sienten alergia de los nacionalismos periféricos o incluso del concepto de España plural. No es un hecho infrecuente. Son gentes ilustradas que, salvo excepciones, iniciaron su trayecto en la izquierda, tanto en el PCE como en el PSOE, y que terminaron, no todos, en las proximidades del PP, sino en el interior del convento aznarista.

Los ejemplos son numerosos y bastante conocidos por la opinión pública más atenta a este género de episodios. Uno de los más sobresalientes es César Alonso de los Ríos, que fue comunista, luego socialista y en la actualidad, desde hace diez años fundamentalmente, o sea desde la primera victoria del PP, se ha convertido al conservadurismo más contumaz. En este segmento, con menos intensidad, lejos de la radicalidad derechista, también se ubica Fernando Savater, quien se distanció de su fervor antinacionalista vasco cuando Zapatero les explicó a él y a Calleja, el periodista, las razones de su apuesta por el diálogo con ETA. Por cierto, transcurrido el tiempo, se observa que Savater parece que vuelve a su antigua tendencia, pero de momento con mayor discreción.

Pantxo Unzueta, asimismo de la cuadra de El País, es un clásico en estos menesteres. Estuvieron en esa línea también, de modo más zigzagueante, Javier Pradera y otras firmas destacadas del periódico de Jesús Polanco. Muchos de ellos se sintieron atraídos por la reconquista de Euskadi que patrocinaba en el año 2001 Jaime Mayor Oreja y que atrajo a ciertas personalidades progresistas, fascinadas por la epopeya o la épica de la aventura mayororejista, en la que se incluyeron desde Redondo Terreros a otros militantes y dirigentes del PSE. Fue muy llamativo este acompañamiento, que terminó electoralmente en fracaso y reforzó al PNV de Ibarretxe, porque el PP resulta a menudo excesivo y sus ataques masivos e indiscriminados acaban a veces en boomerangs. Ocurre que las sobredosis casi siempre son muy arriesgadas.

Juan Luis Cebrián después de la incursión o campaña vasca de algunos de sus colaboradores más renombrados, una vez pasados los comicios autonómicos, llegó a arremeter en un artículo, publicado en El País contra ellos, y les recriminó su actitud. ¿Constituyó tan insólito escrito una fórmula de salvar la cara por parte del mencionado diario, a la vista de la notoria derrota en las urnas de la hipótesis de un Gobierno de coalición entre el PP y el PSE? No, todo esto no es pasado. El debate continúa y, más allá de periódicos, se mantiene una corriente poderosa de confrontación sin matices con los partidos nacionalistas, de acoso sin pausa a éstos, a los cuales se añade en el listado al PSOE y, muy singularmente, a ZP.

Volviendo a Antonio Elorza, el 18 de febrero sostenía lo siguiente: “Ante un eventual cese del terror, y la doble demanda subsiguiente de negociación ETA-Gobierno y legalización de Batasuna, son tan claros los principios como compleja su posterior aplicación. Parece evidente que sólo con la seguridad del cese de la violencia pueden iniciarse contactos; pero el estilo ZP hace temer que sean aceptados sucedáneos tales como “una tregua permanente”, esto es, duradera, esto es, nueva trampa. Tampoco conviene que el fin del terrorismo se haga de modo que ETA y HB canten victoria, cosa que van a intentar, cuando han sufrido una doble derrota. Con su readmisión a la vida legal, desde la renuncia total a la violencia, y medidas favorables dentro de la ley a los presos que acepten el fin inequívocamente, basta. No cabe olvidar que para que desaparezca un terrorismo tan arraigado en el tiempo y en una sociedad, hay que abrirle una puerta. Para que salga y sus practicantes ingresen en la vida democrática. Ni un punto más. Sólo que ellos saben cuánto le gusta a Zapatero firmar acuerdos cuyos efectos son espectaculares a corto plazo. Las bombas de estos días constituyen una invitación a acentuar las concesiones, con tal de que la foto de “la paz” más o menos segura se haga realidad”.

De nuevo, Elorza alertando sobre los riesgos que él atribuye a Zapatero. ¿A qué acuerdos se refiere Elorza cuando dice que “son espectaculares a corto plazo”? Por ejemplo, ¿al Pacto por las Libertades y contra el terrorismo, promovido por Zapatero siendo líder de la oposición? ¿Fue espectacular sólo a corto plazo? ¿O fue útil, mientras duró a pesar del sarcasmo del PP, y más concretamente de Rajoy, cuando tal pacto fue propuesto? Elorza va muy lejos: acusa a Zapatero de garantizarse “la foto de “la paz” más o menos segura” a cambio de más “concesiones”.

En Barcelona otro grupo de intelectuales como los descritos antes acaban de constituir un partido político para combatir el nacionalismo del resto de partidos, incluido el PSC y, en parte, gracias a Piqué, el mismísimo PP. Ahí están el dramaturgo Boadella, el catedrático Francesc de Carreras o el periodista Arcadi Espada, entre otros nombres como el del lingüista Pericay. Aún sostienen que su partido será de centroizquierda no nacionalista. Pero Espada ha dejado El País y ha sido fichado a bombo y platillo por El Mundo; mientras a Boadella le ha hecho ofertas Esperanza Aguirre, Pericay escribe habitualmente en ABC y la Faes invita a unos y a otros a sus conferencias y seminarios. Leerlos confirma que su giro no es sólo una cuestión nacionalista o españolista, sino de mayor calado, de ámbito más amplio. Sus tesis generales son cada vez menos progresistas y sí, en cambio, más de guiños a la derecha. Es bien fácil certificar cuanto digo. Basta con leerlos o escucharlos. Están de moda. ¿Quiénes son los que los han puesto tan de moda?

Luis G. del Cañuelo

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