De Vicente Martínez-Pujalte

Nº 683 - 20 de febrero de 2006

El PP parece un pandemónium , que como se sabe es lugar donde hay ruido y confusión, si nos atenemos al Diccionario de la Real Academia Española. Podría decirse también que recuerda con frecuencia a un frenopático. Ignoro si sus dirigentes han perdido la cordura o están en trance de perderla. Sin embargo, casi todos ellos dan la impresión de que sí, de que deberían, algunos de ellos al menos, estar en un manicomio. Les deseo por descontado que el trastorno mental que padecen, como mínimo en apariencia, sea transitorio y se restablezcan pronto. Claro que el trastorno que pueden tener no es por supuesto fugaz. Arrastran desde hace mucho tiempo un estado de excitación permanente, siempre in crescendo, sin apenas pausa, inagotable, que les conduce a extrañas visiones. Atisban la quiebra de España, el hundimiento irreversible de la patria, la escisión fatídica de Euskadi y de Cataluña, mientras aseguran ver a Zapatero facilitando la libertad a crueles asesinos de ETA como moneda de cambio para llegar a un vergonzoso pacto de cesiones incalculables a la banda terrorista.

Uno de los iluminados más notorios y ruidosos, de entre los dirigentes conservadores, es Vicente Martínez-Pujalte. Ríe a carcajadas, vocifera en los plenos, le encanta provocar, es  pendenciero, insulta, miente, enreda, con su cara paga, tiene cara de demagogo o vendedor de feria y la realidad supera la primera impresión que produce verle. No sólo proyecta la imagen de patán, sino que en la práctica lo es. Es zafio y tosco. Pero no es un simple diputado de a pie. Ejerce de portavoz económico del Grupo Parlamentario Popular. A su lado Luis Ramallo, aquel diputado extremeño faltón y deslenguado, cuya carrera política terminó definitivamente con el caso Gescartera, donde el cazador resultó cazado, era un tibio, un moderado, todo un caballero.

El otro día, en medio del bombardeo dialéctico contra Zapatero, a propósito del proceso de paz que se cierne, según el presidente, sobre Euskadi, Martínez-Pujalte echó un poco más de gasolina al fuego depredador que mantienen encendido, y bien encendido, sus compañeros de partido, empezando por Mariano Rajoy. Atacó Martínez-Pujalte a Zapatero por otro flanco, el de la OPA a Endesa, transformada desde hace casi cinco meses en una obsesión más de la derecha. Pasados ya los arrebatos de la LOE, de los matrimonios entre homosexuales y desaparecidos de la primera línea de combate los papeles de Salamanca,  la trilogía OPA a Endesa, Estatut y diálogo con ETA, constituye la munición más ardorosa que maneja el PP contra el Gobierno. Es verdad que esta OPA, salvo sorpresas, va ya un poco de capa caída. Quizás por ello el fanfarrón Pujalte ha intentado situarla de nuevo en el escenario del asalto como sea al palacio de la Moncloa.

Martínez-Pujalte acusó a Zapatero de participar en una “clara corrupción política”, según la información publicada en el diario El Mundo. La comida a la que asistió el presidente del Gobierno en casa del presidente de la Caixa, Ricard Fornesa, además de otros empresarios de singular relevancia y del ministro de Industria, José Montilla, después de presidir Zapatero un acto del PSC, contribuyó a perpetrar tal “corrupción”. ¿Por qué?  Pues porque el almuerzo “tuvo lugar 48 horas después de que el Gobierno español aprobara la Oferta Pública de Adquisición de acciones (OPA) del grupo gasista (Gas Natural) sobre Endesa”. Martínez- Pujalte resaltó que con el presidente “estaban presentes los que habían condonado un crédito al ministro de Industria, personas que se habían beneficiado extraordinariamente de las decisiones que Montilla había tomado en el Ministerio de Industria, y personas que actúan en los medios de comunicación” (Javier Godó, presidente del Grupo Vanguardia).

Este diputado jabalí definió la corrupción política como “la utilización del poder político para impulsar negocios económicos por interés partidario”. La comida en casa de Fornesa, por tanto, puede ser interpretada, conforme a la teoría de Martínez-Pujalte, como un encuentro gastronómico entre empresarios mafiosos o similares y políticos también mafiosos o similares. ¿Empresarios corruptos o similares, celebrando el éxito de la OPA con los gobernantes corruptos o similares que han hecho posible ese éxito? No resulta exagerada la pregunta a tenor de las palabras del diputado. Es una acusación delirante que, insisto, únicamente cabe entenderla en clave de una cierta demencia, circunstancia que, por otra parte, atenuaría la gravedad del alegato.

No contento con todo esto, Martínez-Pujalte solicitó al Gobierno “un certificado oficial de la asistencia, participación en el debate y participación en la posterior votación del ministro de Industria, José Montilla” en el Consejo de Ministros del pasado 3 de febrero. En ese Consejo se aprobó la OPA de Gas Natural sobre Endesa. El PP considera que Montilla tenía que haberse inhibido al dirigir un partido, el PSC, que ha recibido una condonación de 6´57 millones de euros por parte de La Caixa, la entidad financiera que controla Gas Natural. Martínez-Pujalte preguntó asimismo al Ejecutivo si, como aparece en el Registro Mercantil, según afirma el diputado, Miguel Sebastián trabaja todavía en la empresa Intermoney, la agencia de valores que ha operado con Endesa. Miguel Sebastián es en la actualidad asesor del presidente del Gobierno para temas económicos.

Sebastián dejó esa empresa en 1997. Su actividad en ella entonces, como director de Estudios, nada tiene que ver con lo que le imputa Martínez-Pujalte. Faltaban casi diez años para la OPA de Gas Natural a Endesa. Del mismo modo que la condonación de La Caixa al PSC es perfectamente legal, aunque la prensa conservadora, con El Mundo a la cabeza, airearan en su momento este asunto como si  Montilla fuera Lucky Luciano o algún otro de los tristemente célebres de la Cosa Nostra de Chicago en los años veinte del pasado siglo.

Luis G. del Cañuelo

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