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De
Zapatero, el censor La última distracción o divertimento de la tropa periodística del PP, que es nutrida y está bien alimentada, consiste en montarse en la paranoia de los peligros crecientes que corre la libertad de expresión. Es un argumento recurrente que se arrastra desde los tiempos de Felipe González cuando la mayoría de los grandes barones del periodismo conservador –desde Pedro J. Ramírez a Luis María Anson, pasando por otros nombres muy conocidos– organizaron una estructura, que controlaba Pablo Sebastián, designado secretario general del tinglado. Al invento lo llamaron AEPI. Todos ellos estaban dispuestos, hidalgos y valerosos caballeros andantes, a luchar con denuedo en favor de la libertad de expresión.
Ahora
los mismos de entonces, con algunas variaciones, han recuperado el discurso
de hace algo más de una década. Estos popes mediáticos han llegado
a la conclusión de que
Uno
de los que se han sumado a esta lúgubre procesión es, por
supuesto, Martín Prieto, quien ideológicamente es un tránsfuga.
Icono admirado del periodismo progresista desde la época de
El
otro día, cuando el año 2005 expiraba, Martín Prieto
publicó su columna en el periódico de Ramírez denunciando
a los socialistas por su política represiva respecto a la prensa.
Asegura que la tesis del PSOE, en sus años más gloriosos,
su tesis sobre los medios, consiste "en que éstos debían
hacer seguidismo de los resultados electorales que eran expresión
de la voluntad popular. Así el propietario de El antiguo amigo de González añadía: "Felipe González intervino en cambios de propiedad de medios de comunicación privados, y Zapatero les quiere ahora poner la horma con una censura franquista. Como decía Borges de los peronistas, éstos no son ni malos ni buenos: son incorregibles". Una cuestión genética, según Martín Prieto. Una patalogía, por tanto, inquietante. Implícitamente, el tránsfuga otorgaba la razón a José María Aznar, quien sostuvo recientemente que los gobiernos socialistas siempre tratan de recortar la libertad de expresión. Inmersos en la lógica escalofriante del mundo al revés, los corifeos del PP invierten una vez más los términos del problema. La realidad es que la derecha cuando ha gobernado en España, lo que ha hecho casi siempre, salvo escasas excepciones, ha sido alérgica a las libertades en general y a la libertad de expresión y de información en particular. No sólo alérgica, sino opuesta a tal libertad. Mientras, las izquierdas se han esforzado por todo lo contrario, sin que ello signifique eludir todos sus errores, sus equivocaciones, sus abusos y sus contradicciones. Es decir, que si cabe hablar de genética como hace Martín Prieto, sería más adecuado referirse a la genética de la izquierda a la hora de reseñar quienes han batallado siempre en defensa de la libertad de expresión. El despropósito de Martín Prieto adquiere caracteres de estulticia en este último párrafo: "Ni el presidente de EE UU tiene carriles para coaccionar a su opinión pública como los que está tendiendo este PSOE. Estos caballeros distinguen genéticamente entre opinión pública y opinión publicada, teniendo a esta última por sujeto de los más sucios manoseos. Nunca han entendido la libertad informativa. Son así".
Martín
Prieto es uno más entre muchos. Es lo
normal ya que funcionan como periodistas clónicos. Todos
a una. Suenan los claros clarines en el cuartel general de Génova
o de Luis G. del Cañuelo |
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