Luis G. del Cañuelo
Llamé por teléfono el pasado lunes por la tarde, día 22 de noviembre, a mi querido amigo José García Abad, el director de El Siglo. No suelo molestarle porque es hombre muy atareado y con grandes responsabilidades en el ámbito periodístico. Pero quise agradecerle de forma personal su gentileza por citarme en su artículo semanal que él, con innegable maldad, titula precisamente Sin maldad. Elogiaba García Abad mis humildes reflexiones sobre el posible retorno de Aznar, publicadas hace ahora quince días. Él señalaba que "con su lucidez habitual" las hizo "nuestro anciano colaborador Luis G. del Cañuelo". Hice simplemente de observador situado ya, por mi edad, en la máxima distancia posible del escenario político. Soy un curioso impertinente, o no, que acumula más experiencia que conocimientos concretos de los hechos que suceden en España y en el mundo. Leo todavía casi toda la prensa que se publica en Madrid y en Barcelona, aparte de que mis hijos, nietos y amigos me suministran no poca información añadida, a veces extraída incluso de Internet, invento colosal ante el que yo me rindo embelesado pero, sin embargo, obligadamente ajeno. Escucho habitualmente la radio, especialmente la cadena SER, y veo la televisión a ratos. A partir de ahí, trato de construir mis artículos que tan generosamente inserta aquí, desde hace más de diez años, José García Abad.
Pues bien, charlando de forma amigable con mi director, me preguntó si había leído el artículo de Carlos Carnicero en El Periódico del domingo 21 de noviembre. Le dije que no, y él me animó a hacerlo de inmediato. "Sé que te gustará mucho, Cañuelo, y que le sacarás partido para deleite de nuestros lectores". Coincidimos ambos en la loa al colega Carnicero, al que yo no tengo el gusto de conocer, aunque siempre me han hablado muy bien de él amigos comunes, y al que leo u oigo con suma fruición. Me despedí, pues, de Garcia Abad, me tomé un ligerísimo refrigerio de media tarde, que me recomendó mi médico de cabecera, casi tan viejo como yo, y me sumergí en el escrito de Carnicero: Dios y los talibanes buscan a ETA. Me pareció magnífico y, según es costumbre en él, muy acertado y sin duda valiente. Se interroga Carnicero a poco de empezar su trabajo mencionado: "La pregunta a la que hay que encontrar respuesta es: ¿qué hacen los servidores de Dios, desde la cadena COPE, y los talibanes que organizan las cacerías ideológicas españolas necesitando desesperadamente a ETA?"
Tras explicar con gracejo quiénes son los talibanes en España, añade: "En el origen, ETA fue necesaria el 11-M para no convocar una catástrofe electoral cuyas raíces no estaban en el atentado mismo, sino en la idiosincrasia política de Aznar. Ahora, él mismo nos lo ha aclarado todo: prefiere ganar las elecciones en EEUU aunque las pierda en España. O, dicho de otra forma, con tal de que ganen los republicanos de Bush la Casa Blanca está dispuesto a que Rajoy se tenga que conformar con el despacho de la calle de Génova (...)". Su brillante descripción de la actualidad española, buceando en su trasfondo, lejos de la superficie a veces engañosa, incorpora estos párrafos: "En este juego de batallas aparentemente dispares en contextos difusos, la Iglesia ha dado un paso al frente. Sacar los crucifijos a la calle, para movilizarse contra un Gobierno democrático, es un mal síntoma, sólo que ahora se espera que el Gobierno sea civilizado e inteligente y su reacción, como mucho, sea cerrar los balcones al paso de la comitiva. Es de agradecer que la Conferencia Episcopal se identifique plena y públicamente con la línea de la COPE, abandonando la pretensión increíble de que ellos no eran responsables de los desmanes informativos de los talibanes. Ahora todos son una misma cosa, en unas ondas trufadas de exquisiteces, donde la piscina en la que la esposa del presidente se sumerge, los paseos por los patios de las cárceles de los presos de ETA con los insurgentes islamistas y el patriotismo inexplicable de aplaudir las groserías de Bush con el presidente de los españoles se analizan con la misma delicadeza que los contactos sexuales en los programas de corazón". ¡Narración espléndida, sí señor!
Lo que viene todavía es mejor, y no exagero: "La telebasura no se originó desde la nada. Llevamos muchos años de periodismo del corazón en el análisis político. El sistema deductivo de la alianza increíble entre Bin Laden y Josu Ternera y la disección de la familia Pajares tienen la misma metodología. Ahora, El Mundo anda desesperado a la caza de un síntoma. Basta con que un inmigrante argelino sea sorprendido en las Siete Calles de Bilbao devorando una cazuela de bacalao al pil-pil para una primera página a cuatro columnas que certifique que la apuesta informativa que hizo El Mundo, el mismo día de las elecciones, a favor de la autoría de ETA en el atentado de Madrid no era disparatada".
Ustedes, mis amables y pacientes lectores, me disculparán. Mis artículos tienen, por lo general, mérito escaso. Son fruto de mis lecturas, básicamente. Pero en esta ocasión no tengo mérito alguno. Mi director me alentó a leer a Carnicero y, leído el gran artículo de éste, no puedo resistirme a reproducirlo casi entero. ¿Qué voy a escribir yo frente a la majestuosidad argumental de Carnicero? Prefiero no estropearlo en lo más mínimo: "Pero (...) ¿qué hacen los talibanes, la Iglesia del Dios verdadero y los sectores más oscuros del PP buscando a ETA desesperadamente para que les eche una mano en la tesis del atentado del 11-M? No hay nada como rebobinar los hilos de la historia. Quienes se criaron a los pechos políticos del ex presidente Aznar sólo conocen el rencor, la conspiración y la cizaña como instrumento de asalto al poder. Los voluntarios siguen siendo los mismos y los límites no existen".
Retrato implícito de Pedro J. Ramírez: "Se pide el voto para el PP en la línea editorial, pero se afirma con rotundidad la más firme oposición al unilateralismo y a la guerra de Irak. Se asiste cotidianamente en las tertulias de la COPE, calentando los braseros más integristas, pero se pretende mantener una apariencia liberal y progresista, en la misma medida en que se justifica una entrevista de media docena de páginas con la dirección de ETA y se demoniza la que realizó Carod, porque ya se sabe que la libertad de expresión (...) permite todas las tropelías, de tal forma que se puede ser referencia moral de todo el mundo sin estar sujeto a moralidad alguna". Más explícito: "Cuando el jefe de los talibanes se asoma a los micrófonos de su emisora amiga, la sutileza liberal se disimula con la certificación de que siempre busca la verdad, sea desde el asiento contiguo de Villalonga en el avión privado de quien era presidente de Telefónica, desde el balcón de la casa rural de los Rato en Carabaña, o intentando el procesamiento de Alierta una vez que no ha conseguido el control mediático de Antena 3 y Onda Cero. El secreto de la promiscuidad de intereses de Pedro J. Ramírez es que siempre encadena la adhesión a la puñalada en una sesión ininterrumpida de sus caprichos y sus rencores. Siempre desde un riguroso periodismo de investigación que asienta sus posaderas en los dosieres de los vertederos más innobles".
Nos acercamos al final, pero sigan, por favor, disfrutando: "Lo que se pretende ahora demostrar es que al pobre Aznar, los largos tentáculos del felipismo le impidieron detectar el atentado del 11-M en una encrucijada de caminos entre las txapelas y los minaretes, en la que desde luego tiene responsabilidad, toda la responsabilidad, el Gobierno de Rodríguez Zapatero (...). Es hora de quitarse las caretas y la Iglesia ha dado un paso al frente. A muchos católicos les quedaba la duda de si la idea de Dios que se desprende de las tertulias de la COPE se corresponde con la interpretación de los Santos Evangelios de monseñor Rouco Varela. Una línea editorial, eminencia, responde al Consejo de Administración, y todos nos quedamos tranquilos al saber que, eminencia, Pedro J. Ramírez y los talibanes que le acompañan en los micrófonos tienen la misma idea del camino de la perfección".
Querido Carlos Carnicero, amigo y compañero: Me hubiera enorgullecido haber sabido o podido escribir yo un texto tan admirable como el tuyo. Un fuerte abrazo de este viejo republicano
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