Luis  G. del Cañuelo

Del castigo a los tibios. 20/09/04

La COPE no para. El hisopo radiofónico de los obispos esparce permanentemente agua bendita a través de las ondas, mientras Jiménez Losantos excomulga a los políticos heterodoxos del rebaño de los fieles conservadores. Acudió Alberto Ruiz-Gallardón, la oveja negra, a los estudios de la COPE para inaugurar el curso y se encontró con el orador de las mañanas lanzándole anatemas. ¡Vade retro, Gallardón! Pobre alcalde de Madrid, cosido a obleas, sinónimo de hostias según el María Moliner, a cargo del predicador matinal. Horas después, Alberto se desmayó y, tras el susto correspondiente y un reconocimiento médico a fondo, fue dado de alta con cuatro días de vacaciones obligadas. Otean los ultramontanos en el horizonte que un liberal se puede colar en la sala de máquinas de Génova 13 y reaccionan con virulencia. Losantos, que además es un converso, se distingue por su furor antiliberal, aunque él desde hace años se defina como tal. Sucede que en la actualidad los liberales son neocon, que son peores incluso que los antiguos ultramontanos de Dios, Patria y Rey, y la boina roja.

Ruge la caverna. Losantos convierte la COPE en un patíbulo. Caen las cabezas de los desalmados, de los herejes y de los traidores. Mueran los de la cáscara amarga, los librepensadores, los volterianos, los rojos y los enmascarados. Apenas no tienen tiempo siquiera los monseñores para administrar los últimos sacramentos a los ajusticiados. Antes las víctimas eran, entre otras especies malignas, los masones. Ahora lo son los polanquistas. Gallardón pasa por polanquista e incluso por felipista. Virgen de la Almudena, ora pro nobis. Suenan por antena dos llamadas previamente grabadas. Versión del diario La Razón: Primera llamada: "Este señor que se vaya con los titiriteros, que se vaya con la SER". Segunda llamada: "(...), supercentrista de centro y quintacolumnista de Polanco (...)". Se defiende Gallardón: "Usted sabe que ser liberal, entre otras cosas, consiste en saber escuchar". Replica el predicador de la COPE: "Ah, bueno, entonces como Juan Luis Cebrián". Tercia el alcalde: "No se defina usted por sus fantasmas profesionales". Sentencia el orador sagrado aludiendo así a la SER: "Una empresa que ha llevado a miles de personas a cercar la sede de Génova es algo más que un fantasma".

Losantos, azote de políticos descarriados. Los políticos de la derecha dura y pura son ellos los que azotan. No lo digo, Dios me libre, yo. Lo dijo en su discurso-testamento el hasta hace unos días director del diario ABC, José Antonio Zarzalejos. Durante cinco años Zarzalejos ha sido director de ABC. Ahora ocupará un puesto de confianza en la estructura de Vocento, como se denomina oficialmente el grupo vasco propietario, entre otros muchos medios, del diario citado. Zarzalejos procuró centrar el periódico. Quizá sucumbió en el intento. El pasado 31 de agosto, en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, pronunció su discurso póstumo como director de ABC. Incluyó un párrafo de gravísimas acusaciones al poder político vigente hasta el relevo conquistado por el PSOE el 14 de marzo. Hubo desde luego momentos delicados a lo largo de su singladura como director, por otra parte básicamente fiel a la gestión de José María Aznar, según puede constatarse acudiendo a la hemeroteca.

Señaló sin tapujos Zarzalejos a quienes fomentaron la deslealtad hacia ABC "desde la política y algunos centros de poder económico, alterando las condiciones del mercado, con un favoritismo variopinto de recíprocos beneficios. Interesaba un ABC postrado, tributario de favores inconfesables. Intentaron burdamente un sometimiento. De nuevo, el "conmigo o contra mí". Tampoco lo lograron, porque el honor es patrimonio calderoniano del alma y el alma de ABC nunca estuvo en alquiler ni en subasta pública". De inmediato, en su discurso, fue aún más explícito: "Y me estoy refiriendo, abiertamente (...), a determinados dirigentes del anterior partido gobernante –algunos muy conocidos, otros influyentes en la opacidad– directamente responsables de una lamentabílisima política de relación e intervención en los medios de comunicación, que ABC padeció severamente y que ahora están pagando de modo cumplido, aunque recaiga el castigo, en algún caso, sobre quien menos lo ha merecido. Ya se sabe: pagan, a veces, justos por pecadores".

Al leerlo supe que cuanto está publicado en El Siglo, tanto lo firmado por mi modesta y vetusta firma como lo firmado por otros queridos colegas, acerca de los avatares sufridos por ABC y por Vocento para hacerse con Antena 3 TV o con Onda Cero no fue ninguna invención. Para el PP gobernante Vocento no era un grupo de fiar. Ni siquiera ABC, en manos entonces de Zarzalejos en su calidad de director. Prefirieron premiar a Lara, al que le hicieron desde Moncloa un precio a la medida, aun a costa de perjudicar, una vez más, los intereses de Telefónica, que desde la venta de la ONCE, forzada desde el Gobierno, era propietaria de Onda Cero. Meses antes había arrebatado Telefónica, ayudada por Aznar, la propiedad mayoritaria de Antena 3 TV a Antonio Asensio, quien murió tiempo después. El intervencionismo de Aznar en los medios, que tanto he denunciado desde estas mismas páginas, no pertenece al universo de las fantasías o las exageraciones oníricas. Transformó los medios públicos en lacayos. Los privados fueron acosados, asediados y hasta bombardeados en ocasiones. Tanto los opositores, con singular saña el Grupo Prisa, como los afines en la medida que éstos no llevaran su entusiasmo hasta el paroxismo. El PP no admitía a los tibios. ¡Ni veía con buenos ojos a Zarzalejos!

Aznar, el hombre que ha acuñado la descripción "partido del rencor" para rebautizar al PSOE, tampoco puede ser complaciente o flexible con Alberto Ruiz-Gallardón. Para él, Gallardón es un tibio. Es decir, un centrista liberal, proclive al oportunismo y al compadreo. No se encuentra como él en el epicentro del mazizo de la raza, en la ortodoxia de la infalibilidad. Le pueden parecer excesivas las andanadas de Jiménez Losantos, pero le complacen enormemente. Gallardón es un revisionista. El partido no puede ni debe acabar en sus brazos, mecido por él. Habrá que ver, y muy de cerca, cómo lo conduce Mariano Rajoy, tan zigzagueante siempre. Acebes está en la reserva, en el banquillo. Y luego está él, con ganas de balón, presto a reverdecer sus laureles. Desea ardientemente salir al campo. Su comparecencia en la comisión del 11-M será un test. Si ante los suyos sale airoso, lo que es muy probable, su retorno puede llegar a ser irrefrenable, a menos que Marianito, el ciclista, dé la sorpresa y se escape del pelotón de una vez y se vista el maillot amarillo. Pronto ha de ganar etapas. No ha conseguido por ahora ganar ni una. La grada episcopal, a través de la COPE, exige triunfos y se muestra durísima frente a los dialogantes. Al enemigo, ni agua. Todo muy cristiano.

Publicado en El Siglo.20.09.04

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