Del milagro de Ariza. 11/10/04

Julio Ariza es empresarialmente en el mundo de la comunicación un parvenu afortunado. Aterrizó en Madrid hace unos años, procedente de Barcelona, coincidiendo con la defenestración de Alejo Vidal-Quadras como presidente del PP en Cataluña. Ariza era uno de los hombres de confianza de Vidal-Quadras y estuvo siete años en el Parlamento de Cataluña. Vidal-Quadras pagó la factura del llamado Pacto del Majestic, suscrito en Barcelona en la primavera de 1996 entre José María Aznar y Jordi Pujol. Ese pacto abrió la puerta de La Moncloa al líder entonces del PP, quien había obtenido una magra victoria, sólo unos 300.000 votos de diferencia respecto a Felipe González. Tuvo que buscar lógicamente en las alianzas lo que no pudo cosechar en las urnas. La política a veces hace extraños compañeros de cama, asegura un refrán británico muy repetido en una época por Manuel Fraga a raíz de su estancia en Londres como embajador de España. Fraga llevaba en aquel tiempo curioso bombín y elegante paraguas, hacía frases hasta divertidas, jugaba a demócrata moderado y se creía llamado a conducir la transición. Estaba pletórico en su exilio dorado soñando con el futuro que él ansiaba: ser presidente del Gobierno. La historia, al fin, ha sido cruel con él o, según otras versiones no menos solventes, le ha hecho justicia. Ha terminado en Galicia compartiendo su cama con compañeros como el taimado Cuiña o el felón Baltar.

Decía lo de los extraños compañeros de cama porque tal le aconteció a José María Aznar cuando tuvo que enrrollarse, como dicen ahora los jovencitos, con Jordi Pujol y con Xabier Arzalluz. Así fue, aunque algunos amnésicos voluntarios tiendan a olvidar esos sucesos, como mínimo paradójicos o pintorescos. Pujol, entre otras reclamaciones de mayor calado, le exigió a su nuevo socio en España que apartara de la dirección del PP catalán a Vidal-Quadras. Pujol no lo soportaba. Vidal-Quadras se había constituido en el referente de un sector significativo del antinacionalismo catalán. Su brillantez dialéctica sacaba de quicio a CiU. Su discurso se movía en las coordenadas de la racionalidad sin que faltara, por supuesto, una cierta dosis de demagogia populista o de exageración de fondo. Lo había nombrado a dedo, claro, Aznar, inquieto por el rumbo proconvergente que, según él y sus asesores áulicos, había tomado el PP en manos de Jorge Fernández Diaz. Éste fue barrido en condiciones precarias y muy delicadas para él por la vía del ordeno y mando dictado desde Génova 13. Luego, curiosamente, le ocurrió lo mismo a su sucesor, el citado Vidal-Quadras.

Regresemos ya a Julio Ariza. En pocos años y un poco a la chita callando, lo que no deja de ser una virtud, todo hay que decirlo, Ariza ha conseguido ponerse al frente de un grupo mediático emergente, a pesar de sus dimensiones por el momento medianejas. Empezó con la emisora Radio Intereconomía, que combina noticias económicas con música más o menos clásica y, cada vez más, con una oferta generalista. Luego adquirió la revista Época, que era propiedad de Jaime Campmany, quien contó durante algunos años con la ayuda económica de Mario Conde, un insigne caballero de las finanzas como casi nadie ignora. A punto de ser liquidada, esta revista hiperconservadora fue, por tanto, a parar a las manos de Julio Ariza. También controla el ex diputado catalán nacido en Navarra la agencia Faxpress, de la que es directora actualmente la conocida periodista Pilar Cernuda.

Además de Época, este hombre anda enfrascado en una nueva aventura periodística, la revista Alba, que será un semanario inequívocamente fundamentado en la fe cristiana. No ha de extrañar a nadie. Julio Ariza no ha ocultado jamás sus raíces profundas de carácter católico, ciertamente tradicional, muy en línea con la doctrina vigente en el Vaticano y, desde luego, muy cerca del Opus Dei. En ciertos círculos políticos este empresario mediático revelación pasa por ser miembro de la Prelatura. Algunos incluso especulan con tal hecho para explicar su prodigiosa ascensión a la cúspide de un grupo mass-media de relieve razonable y recuerdan antecedentes notorios que gozaron de acentuado protagonismo en los años sesenta y setenta del pasado siglo, ubicados en la órbita del Opus. Se habla incluso de milagro que, como se sabe, es definido por la Real Academia de la Lengua Española en los siguientes términos: "Hecho no explicable por las leyes naturales y que se atribuye a intervención sobrenatural de origen divino". Asimismo incorpora esta otra acepción de la palabra: "Cualquier suceso o cosa rara, extraordinaria y maravillosa".

¿Es atribuible a Escrivá de Balaguer, San Josemaria, ex marqués de Peralta, un milagro que estaría beneficiando al ex militante del PP, Julio Ariza, por otra parte empresario de moda? No parece probable, porque Escrivá ya alcanzó en un tiempo envidiablemente récord  acceder a la santidad. Sin embargo, conviene no olvidar que el primer sucesor de Escrivá, habiendo fallecido el fundador en 1974, fue Álvaro del Portillo, otro clérigo de estirpe aristocratizante, siervo fiel durante décadas del promotor del Opus. Del Portillo figura en la lista de los próximos canonizables propuestos por la Prelatura. Necesita para ello algún que otro milagro y el de Ariza cabría considerarlo significativo. En estos tiempos de persecución gubernamental, manda huevos hablar de persecución, a la Iglesia católica nada le es más hermoso que premiar con favores divinos, por intermediación de Del Portillo, a quien es capaz de editar una publicación católica a machamartillo y tener bajo su tutela otros medios conservadores y respetuosos con la religión católica, apostólica y romana.

Hasta la fecha, como he señalado, Ariza ha sido discreto. Pero parece que va perdiendo paulatinamente su cautela y ha roto a hablar en público. En declaraciones a un digital versado en asuntos periodísticos, Julio Ariza se declara fervoroso lector de ABC y de El Mundo y levita al mencionar Libertad Digital: "Es una maravilla, es el mejor diario digital del mundo". Bastaría con recordar que Libertad Digital es una criatura engendrada por Federico Jiménez Losantos. Ninguna duda, al respecto, porque donde asimismo se retrata Ariza es con esta reflexión: "Lo que sí veo es que en otras emisoras están en un nivel de sectarización importante, por lo menos en alguna de ellas. La cadena SER ha emprendido un camino de polarización y de servilismo político. Ellos sabrán dónde quieren terminar".

¿Dónde quiere terminar la SER? Lo desconozco, evidentemente. Pero intuyo que no quiere adentrarse, bajo ningún concepto, en el territorio que ha comenzado a transitar Radio Intereconomía. Donde se han refugiado ciertos talibanes de la derecha que hicieron su agosto durante ocho años tanto en Radio Nacional como en TVE, como el inefable Carlos Dávila, quien ha recuperado su viejo córcel reaccionario y cabalga en su espuela radiofónica otra vez, acompañado de Curry Valenzuela, Isabel Durán y Jaime González. Todos cortados políticamente por el mismo patrón, actuando en Intereconomía justo después del informativo que, durante dos horas o más, presenta Antonio Jiménez, otro clónico del PP.

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