Luis  G. del Cañuelo

De la iglesia montaraz. 06/09/04

Antonio Cañizares, arzobispo de Toledo, primado de España, parece haberse erigido en el nuevo cardenal Enrique Pla y Daniel, o el nuevo Isidro Goma y Tomás, ambos antecesores suyos en la cúpula de la jerarquía eclesiástica hispana, fervorosos paladines de la sublevación militar contra la II República, como la inmensa mayoría, por cierto, de sus colegas de magisterio (supuestamente) cristiano. Lo  recordaba hace dos años y con comprensible alborozo, en su boletín número 91, de octubre de 2002, la Fundación Nacional Francisco Franco (subvencionada como es sabido por el Gobierno del PP), con motivo de cumplirse por aquellas fechas el 65 aniversario de la carta episcopal que consagraba el golpe militar y la consiguiente y sangrienta guerra civil como sacrosanta Cruzada.

Resaltaba ese boletín de los más firmes nostálgicos del franquismo que el 12 de diciembre de 1936, el cardenal Isidro Goma y Tomás, entonces primado, "fue recibido por S.S. el Papa Pío XI" y que "apenas regresado a España, el cardenal pidió a Franco una entrevista, que se celebró el día 29 de aquel mismo mes". Según puntualizaba el referido boletín, "Franco  afirmó que respetaría todas las libertades de la Iglesia y que nunca se tomarían decisiones que  de algún modo la afectasen sin consulta ni negociación con sus autoridades. También prometió que todas las leyes contrarias a la Iglesia serían modificadas y solicitó de la orientación de la Santa Sede una ayuda en todos los problemas políticos que, de alguna forma, se relacionasen con lo espiritual. En marzo de 1937, Pío XI dejaba al cardenal Gomá libertad para proceder a la redacción de la carta colectiva, según su criterio (...)".

Digámoslo de otra manera. El dictador pactó con la Iglesia un sistema de auxilios mutuos. Su abominable régimen otorgó todo tipo de privilegios a la Iglesia católica, que se prestó gustosa a semejante cambalache. Se implantó una especie de soberanía compartida entre la Iglesia y el Estado español, transformado oficialmente y en la práctica, como había ocurrido casi siempre a lo largo de su historia,  en un remedo de Estado libre asociado respecto  al Vaticano. Aquella situación de teocracia gobernante, con Franco ejerciendo literalmente de "Caudillo de España por la gracia de Dios", satisfizo enormemente a los jefes del catolicismo, acérrimos adversarios, salvo excepciones beneméritas, de la escrupulosa separación de ambos poderes, el temporal y el teóricamente espiritual, según la fórmula que preconizaba la II República, fórmula tan próxima al fin y al cabo a la enseñanza sublime de Jesucristo: "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios". ¡Oh, aparentes paradojas, imposibles de ser entendidas en toda su magnitud por los fariseos del presente y, sin duda, por los fanáticos o los necios!

Cañizares, que no se olvide ni se equivoque nadie, se halla en perfecta sintonía con el giro hacia la extrema derecha sociológica, por donde circula la Iglesia católica tras la primavera efímera del Concilio Vaticano, y sobre todo a partir del inacabable pontificado de Juan Pablo II, aupado el papa polaco por el Opus Dei y respaldado por los sectores más reaccionarios del catolicismo universal. El 15 de agosto, el arzobispo de Toledo disparó buena parte de su artillería dialéctica contra los poderes y los medios públicos, "dispuestos a despedezar a la Iglesia". Aprovechó este monseñor la festividad de la Asunción para soltar toda la bilis acumulada por los jerarcas católicos en estos últimos tiempos. Su discurso recuerda una auténtica declaración de guerra, como la que reiteraban día sí y día también sus predecesores tras la proclamación de la II República y, más en concreto, después del triunfo electoral del Frente Popular, de febrero de 1936.

La portada de ABC del día 16 de agosto resaltaba las admoniciones gravísimas del prelado. Por ejemplo, ésta: "La Iglesia, en su peregrinar a lo largo del siglo XX y en los comienzos del XXI, ha padecido muchas tribulaciones y ha tenido que librar duras batallas contra el poder de las tinieblas. Nunca, tal vez, en la historia se ha visto acosada como en este período". ¿Cuáles son las causas de semejante ofensiva, monseñor Cañizares? Según él "el laicismo reinante, la secularización generalizada del mundo y la interior propia de la misma Iglesia, la apostasía silenciosa y las deserciones de tantos cristianos, el debilitamiento de las conciencias y la quiebra moral de los tiempos actuales".

La Iglesia española, propietaria de la COPE e influyente en numerosos medios de comunicación afines a la derecha, arremetió por boca de Cañizares  de forma minuciosa contra la prensa, protagonista de lo que el arzobispo definió como "ataque moral" dirigido contra la religión: "¡Cuánto en efecto se está atacando a la Iglesia en estos momentos, también en España, en medios de comunicación, con propaganda en contra incluso desde medios y con medios que, por su propia naturaleza, deberían estar al servicio del bien común y de las libertades! ¡Cuánta manipulación y mentira para acusarla, porque de lo que se trata es de que desaparezca o que no cuente!". El discurso catastrofista de Cañizares fue completado con observaciones como las siguientes: "A la Iglesia se la querría callada en todo, muda, que se plegase a los poderes de este mundo, que no inquietase a estos mismos poderes, bajo el pretexto de que han recibido una legitimidad de apoyos más o menos mayoritarios. ¿Qué, si no, indican reacciones de personas y medios públicos ante determinadas homilías y escritos o declaraciones recientes de obispos? ¿Qué, si no, indican las amenazas al mantenimiento o sostenimiento de la Iglesia por parte de algunos, de todos conocidas?".

En la revista ultraconservadora Razón Española, fundada por el fallecido Gonzalo Fernández de la Mora, que fuera ministro de Franco e ideólogo del supuesto fin de las ideologías, el reverendo padre dominico Maximiliano García Cordero escribió sobre "cómo surgió la idea de Cruzada en la Guerra Civil". Evoca este fraile que precisamente "el 15 de agosto de 1936, fiesta de la Asunción (...), desde Radio Castilla de Burgos el general Franco en un lenguaje épico y lírico declara: "Y luego, sobre las ruinas que el Frente Popular deje –sangre, fango y lágrimas– [tendremos que] edificar un Estado grande, fuerte y poderoso, que ha de tener gallardo remate, allá en la altura, una Cruz de amplios brazos –señal de protección a todos– la Cruz de nuestra religión y de nuestra fe, lo único que ha quedado y quedará intacto en esta vorágine de locura (...) Pido a los creyentes que dediquen una oración por las almas de los que murieron en la santa Cruzada de salvar a la Patria. Y a los que no lo sean, un recuerdo. Y yo, más obligado que nadie, prometo una oración y el recuerdo, y para sus tumbas las mejores flores de mi jardín".

¡Feliz y curiosa coincidencia en torno al 15 de agosto! El paralelismo entre aquella Iglesia y la actual, por lo demás, no parece difícil de establecer. Cristina López Schlichting, periodista en nómina de la COPE, emulaba el 30 de julio, en La Razón de Luis María Anson, a los dueños de la pía cadena con argumentos de este jaez: "La semana pasada Juan Fernando López Aguilar se molestó porque la Iglesia expresó su oposición al llamado matrimonio homosexual. No es la primera vez que este Gobierno manda a los cristianos a las catacumbas. Zapatero y sus ministros están empeñados en difundir una imagen de una Iglesia retrógada y dictatorial, dispuesta a anclar a España en la Prehistoria (...) ¿A qué viene este ataque continuo, que recuerda la obsesión anticlerical de la masonería? (...) Como mujer católica no estoy dispuesta a volver a la caverna (...) Y basta de desprecio prepotente y de chulerías del Gobierno, que también somos españoles".

Tiene razón IU-ICV, cuyo diputado Joan Herrera pretende presentar de inmediato varias propuestas legislativas para revisar los criterios de financiación de la Iglesia católica por actuar como un  "lobby reactivo antidemocrático". Mantiene Herrera que "el Estado tiene que ser aconfesional, y no ofrecer a la Iglesia católica un clarísimo trato de privilegio respecto a otras religiones". Por su parte, Rodríguez Zapatero, en el discurso de Mahón (Menorca), a punto de concluir las vacaciones, debió de renovar las iras eclesiásticas al prometer con rotundidad "leyes modernas y laicas frente a tantas actitudes carcas" con el fin de "defender los derechos de la mujer o legalizar los matrimonios de homosexuales y acabar con la imposición de la propia moral a la sociedad".

Este otoño y este invierno las noches de la COPE, por cierto, prometen ser caldeadas. Como lo son las mañanas de Jiménez Losantos. Y anteriormente las de los dos Herreros. César Vidal, "prolífico historiador", según El Mundo, o historiador reaccionario y tendencioso, según muchos, dirigirá y presentará la programación nocturna de la COPE. El Mosad está de enhorabuena. Los neocon, también. Y los con de toda la vida. Los obispos de la Iglesia montaraz siguen impertérritos, parecidos a los del 36. Que Dios les perdone.

Publicado en El Siglo 06.09.04

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