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La
Botella está triste... ¿Qué tendrá la Botella?
Los suspiros se escapan de su boca aquella,
que ha pedido repisas, a su gran valedor.
La Botella se queja de que no tiene aforo,
y ya muda el tinglado, va buscando decoro,
pone el cazo, obligada, busca un barrio mejor.
Gallardín aumenta los impuestos locales.
Parlanchina, la dueña de asuntos sociales,
y vestida de rojo toda murmuración.
La Botella sonríe, al señor Presidente;
la Botella amenaza enseñando el diente
y es que esta Botella necesita tapón.
¿Piensa acaso nuestra ilustre baranda, tan fina,
que nos hemos caído ayer de una encina
y que los paganos bajarán la testuz,
que le pagan tan sólo sus simpatizantes,
o que somos cabrones de los más tolerantes,
o precisa de un sitio para el punto de cruz?
¡Ay!, la pobre Botella de la boca cuantiosa
quiere ser mandarina, quiere ser dadivosa,
tener bodas señeras, tener casa solar;
vivir siempre en palacio, mantener un lacayo,
si eres contribuyente que te parta un mal rayo,
y hacer muchos pobres y poderlos cuidar.
Ya se busca el palacio, nuestra austera beata,
nada que sea caro, una cosa sensata,
y si miras las cifras, no me seas tahúr.
si no eres tacaño, verás justo el importe,
aunque algunos te digan que has perdido el Norte
si no puedes pagarlo, quítate del yogur.
¡Pobrecita Botella, necesita más tules!
Necesita aforo, y cuidar más gandules,
que a los que están en paro los considera tal;
que en la sede actual parece de Bernarda,
no diré cuala parte por ser palabra parda,
mas si hablamos de Ana es parte casi anal.
¡Oh, quién fuera Botella, aun a riesgo de escuálida!
(La Botella está triste. La Botella está pálida.)
¡Oh visión bien ornada de nácar y marfil!
¡Quién pudiera ser tú, dar al pobre alpiste
(La Botella está pálida. La Botella está triste.)
y pagando millones mudar de cuchitril!
«Calla, calla, Botella, dice el hada madrina,
quien con rizos y gafas, le pagó buena esquina,
a quien en elecciones resultó tentador,
enrolar a esta dama de consorte tan fuerte,
que vigila a lo lejos, divino de la Muerte,
y encenderle los ojos con cheque al portador.»
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