UN MINISTRO EN APUROS
PEDRO MUELAS ( * )
Ciertamente parece que andan por ahí ya los dossiers de los aspirantes a suceder al presidente, José María Aznar. De hecho ya se empiezan a filtrar y conocer historias contra ellos, nunca se sabe bien de dónde vienen, pero, por si acaso, ellos han empezado a arreglar la casa por dentro y ordenar sus vidas por lo que pudiera ocurrir y sobre todo porque todos los focos están dirigidos a los tres tenores. A esa lista hay quien añade a Eduardo Zaplana que, como todo el mundo sabe, dejó la Presidencia de la Generalitat Valenciana con mayoría absoluta por el Ministerio de Trabajo, con el legítimo propósito de crecer en su carrera política y aspirar a lo máximo con la estrategia, ya lo tengo escrito, de poder sentarse a la mesa de quienes decidirán quién será el elegido. Zaplana, cual Alejandro VI persigue quedar como el que mejor cae entre los comensales y menos recelos despierta
Esto, que podría ser una prudente política, debería haber ido acompañado de otra no menos prudente de mostrar su eficacia y capacidad de trabajo sin gran ostentación y olvidarse, sobre todo, de enredar. Pero no ha sido así. Ciertamente, ya se está leyendo en los periódicos y oyendo comentarios irónicos de que el ex presidente de la Generalitat Valenciana se dedica a vender humo, a formular propuestas irrealizables y espectaculares y a figurar por todas partes y trabajar por pocas.
Quienes así lo comentan ahora desde luego no nos están descubriendo nada nuevo a los de esta parte de España, pero sería grave que sólo se quedaran en la piel de la práctica política del Ministro de Trabajo, sería minusvalorar su habilidad para maniobrar en las más altas esferas y su acreditada inspiración para manejar todo lo que se deja o no manejar.
De hecho, muchos en esta Comunidad Valenciana pensaron que cuando partió a Madrid -¿o siempre estuvo allí- su influencia de todo tipo en sociedades, en campañas, en empresas, en municipios, en despachos, el control absoluto, comenzaría a disiparse con el paso del tiempo y en la medida que sus nuevas ocupaciones-aspiraciones le harían desentenderse de lo que ocupaba hasta ese momento todas las horas de sus días.
Y a lo mejor eso hubiera sido lo deseable para su estrategia, pero no ha podido evitarlo y todo sigue como estaba y todos siguen como estaban: a sus pies y a sus órdenes, por lo que estamos viendo y por lo que no estamos viendo. De modo que su falta de cautela, teniendo en cuenta que ahora está encima del escenario nacional y muchos son los ojos que le miran y mucho es lo que se juega, le ha llevado a un lío, a un enfrentamiento reciente en Valencia con alguien que por primera vez en esta tierra ha dicho basta y que le puede traer graves consecuencias políticas, sobre todo si no es capaz de salir de él.
Periodistas como Carlos Dávila, Antonio Casado, Pedro J. Ramírez, Javier Pradera, Pablo Sebastián ya tienen en su mesa, gracias a un tal Luiscoronel46, algunas pistas sobre el asunto. Y a mi me consta que hay un fundado movimiento, con papeles de por medio, para intentar detener, con una denuncia en toda regla, esas prácticas de control asfixiante y de uso y abuso que pretende llevar hasta las esferas, incluso, de la empresa privada.
El asunto tiene toda la pinta de cruzar la península, por la soñada autopista Valencia-Lisboa, y terminar en manos de Rodríguez Ibarra quien, como recordarán, no tuvo recato en declarar que Zaplana es la pieza clave de la financiación ilegal del PP.
De todas formas, es posible que se evada del asunto, sobre todo si es verdad el chascarrillo que circula por Madrid de que no se perderá en la política madrileña porque es el único que tiene un reloj con GPS, no sé si comprado en Canarias
(*) Publicado en El Levante. 10.11.02
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