Al quinto pino: dimite un patán político español
Por Paul Ingendaay
"El político español Francisco Alvarez Cascos acaba de anunciar su retirada del partido y del Parlamento. Este anuncio ha causado honda impresión. Cascos, de 57 años, quiere ocuparse de su nueva novia, 21 años más joven que él y directora de la filial madrileña de la Galería arlborough. Todo lo demás no es problema hoy. De dos matrimonios tiene seis hijos, ella tiene uno con su aún primer marido, ya se arreglarán.
Si se quisiera describir al político Cascos en términos futbolísticos, se podría decir que es una combinación de Georg Schwarzenbeck y Stefan Effenberg: dar patadas por detrás y un corte de mangas por delante. En España le llaman "Dobermann" porque se comporta como tal y la zona de la boca se le parece un poco. Pero como Cascos es casi un desconocido para el público alemán y con toda seguridad lo seguirá siendo, atrevámonos a hacer una segunda comparación. Pese a que deológicamente poco le une con nuestro Rudolf Scharping, y éste es también más simpático y probablemente más inteligente, el español y el alemán tienen en común que en algún momento sus carreras empezaron a caer en picado, pero ellos no se dieron cuenta. Esto ocurre con más frecuencia de lo que se piensa. Esta Columna Update es por tanto un Downgrade, y seguramente es la última vez que hay que decir algo sobre Cascos, al menos desde el punto de vista alemán, agudizado con Scharping.
Resumamos brevemente que Alvarez Cascos fue de 1989 a 1999 secretario general del PP conservador y su nombre está indisolublemente unido al del estratega jefe este partido, el Presidente del Gobierno dimisionario José María Aznar. Cacos fue incluso, durante cuatro años, ministro de Desarrollo e Infraestructura, un cargo que supone ya un pequeño descenso, que casi pasó desapercibido porque en este Ministerio hay sumas tan increíbles que dilapidar que Cascos debe haberlo confundido con poder real. Su Ministerio es responsable de los grandiosos errores en la planificación del tramo Madrid-Cataluña del AVE, que debería haber concluido en 2003 pero aún está parado. También lleva su firma la reacción de aficionado a la avería del petrolero "Prestige". Que se llevaran el cacharro "al quinto pino", dijo Cascos aquel día fatal de noviembre de 2002, antes de irse de fin de semana a pescar. El quinto pino está a cuatro kilómetros de profundidad en el mar, y esto le sale muy caro al medio ambiente español. Pero Cascos no pensó en dimitir. Solamente quiso echarse en cara que "no es un profeta".
Frases como estas recuerdan el tipo de chulo, ese fanfarrón sinvergüenza del pueblo que responde a toda crítica con una nueva impertinencia. Cuando el chulo pisa a alguien en el pie, pregunta al pisado qué se le había perdido a su pié ahí. Parece ser que Cascos se ha adelantado a su partido haciendo lo que nuestro Scharping no fue capaz: hacer la maleta y marcharse. A nadie le interesará ya saber por qué el Ministerio que dirigía Fernando Álvarez-Cascos compró obras de arte en la galería de su novia por un valor de 250.000 euros."
(*) Frankfurter Algemaine Zeitung 28.01.04
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