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La corona
patrocinada
Poco a poco, los miembros de
la familia real se han convertido en magníficos modelos de publicidad, a
veces subliminal, y otras muchas de forma descarada. ¿Acaso no lo es que
el Rey participe en el trofeo Ermenegildo Zegna, que el Príncipe gane, a
bordo del CAM –Caja de Ahorros del Mediterráneo–, la VII Regata
Breitling, o que la Infanta Cristina compita en el Azur de Puig? Además,
los Borbones ya están en Mallorca, donde volveremos a verles navegando
en el Fortuna, el yate regalado por los empresarios mediterráneos,
dando, una vez más, una imagen excesivamente frívola mientras que Aznar,
como ya denunció El Siglo, continúa asumiendo ciertas funciones que
constitucionalmente corresponden a la jefatura del Estado.
Vera
CASTELLÓ
Quién no sabe el nombre de
las clínicas privadas en las que las infantas han dado a luz? ¿A alguien
se le escapó el nombre del restaurante ante cuya puerta posó sonriente
la Reina junto a Ana Botella y Laura Bush? ¿Cómo olvidarnos de esa marca
de colonia que va ligada a la Copa del Rey de vela? Cada vez son más las
marcas y nombres que, a lo tonto, vamos conociendo gracias a las
actividades, normalmente de ocio, que desempeñan los miembros de nuestra
Corona.
Es habitual ver a la familia
real practicando diversos deportes, sobre todo el esquí, en invierno, la
hípica en el caso de la infanta Elena, y la vela durante casi todo el
año, o asistiendo a numerosas competiciones deportivas que cuentan con
la presidencia de honor o el nombre de algún miembro de la familia real,
constatándose así el sincero apoyo que prestan los miembros de la Corona
a la promoción del deporte. Estos días está teniendo lugar la XX Copa
del Rey de vela, pero al igual que existe una Copa del Rey de fútbol, de
balonmano o de hípica, la de vela lleva desde hace 19 años el nombre de
Copa del Rey-Trofeo Agua Brava. Una vez más, nuestro monarca participará
a bordo del Bribón, propiedad de José Cusí y patrocinado por La Caixa.
La imagen corporativa de la entidad catalana está diseminada por todo el
barco y luce, también, en la indumentaria de la tripulación, incluida en
la de su patrón, el rey Juan Carlos.
Desde Zarzuela se quita
importancia a que los miembros de la familia real participen en
campeonatos deportivos patrocinados, indicando que este tipo de apoyos
es de gran ayuda tanto para la cultura como para el deporte. Pese a
ello, se decidió que el Rey tratara de no lucir en su vestimenta ninguna
publicidad, aunque no se oculte que su barco está patrocinado por tal o
cual marca. Así, el monarca, a bordo del Bribón lleva normalmente un
polo igual al del resto de la tripulación, salvo en el pequeño detalle
de que no aparece La Caixa en él. No ocurre lo mismo si nos fijamos en
el chaleco. Ahí, el bordado catalán no ha sido eliminado. Tampoco se le
escapa a nuestro cerebro, aunque tal vez de forma menos obvia, que los
pantalones de don Juan Carlos son marca Burberry, lo mismo que los del
Príncipe en su uniforme a bordo de otros barcos.
Pero la inquietud que
provoca que la Copa del Rey se presente tan estrechamente ligada a la
marca Agua Brava, es sólo uno de los múltiples ejemplos (Ver cuadro
Reales marcas). Así, la marca de relojes Breitling, da nombre a la
regata que desde hace siete años organiza el club náutico Puerto
Portals, y que hace sólo unos días ganó el Príncipe Felipe a bordo del
CAM. Éste es el barco, patrocinado por la Caja de Ahorros del
Mediterráneo, en el que últimamente participa el heredero, después de
años haciéndolo a bordo del Sirius, propiedad de la Armada Española.
Este cambio de yate, no solo ha provocado cierto malestar entre sus
compañeros de tripulación del Sirius, sino que ha obligado a don Felipe
a vestir una camiseta con el logotipo de la entidad de ahorros.
Ni el Rey ni el Príncipe de
Asturias han evitado ponerse las camisetas Ermenegildo Zegna cuando han
participado en el Trofeo de Vela que anualmente organiza en Barcelona la
marca de ropa de hombres, y que en alguna ocasión ha contado también con
la presencia de la infanta Cristina. Asimismo, en Barcelona se celebra
desde hace tres años la Regata Freixenet, organizada por la marca de
cava que preside José Ferrer, empresario que contribuyó con su dinero a
la construcción del yate Fortuna regalado al Rey, en la que han
participado los tres Borbones más aficionados a los deportes de mar.
Otras marcas que dan nombre
a distintas competiciones de vela que cuentan con la participación del
Rey, el Príncipe o la Infanta, son Osborne en la Semana Náutica del
Puerto de Santa María o Rolex, patrocinador del campeonato del mundo
IMS, cuya última prueba se desarrolló hace un mes en Valencia con
participación del Bribón, figurando en su proa la marca corporativa de
la empresa de relojes.
Mención particular merece la
infanta Cristina, que normalmente compite a bordo del Azur de Puig
vistiendo prendas deportivas claramente adornadas con los colores y el
logotipo de la colonia propiedad de Leopoldo Rodés, uno de los
empresarios que participó económicamente en la construcción del nuevo
yate Fortuna regalado al Rey. El hijo mayor de la duquesa de Palma, a
sus dos años, también acude al club náutico con camiseta Azur de Puig y,
siendo más pequeño, ha sido fotografiado en diversas ocasiones sentado
en sillita de paseo Jané o vestido con pantalones OshKosh. A la Infanta
menor también se asocia el nombre de la clínica privada en la que dio a
luz a sus dos hijos –la Teknon de Barcelona– o el del instituto
oftalmológico Fernández-Vega, en el que, igual que sus abuelos, fue
operada de la miopía recientemente. Tampoco la infanta Elena se libra de
promocionar ciertas marcas. No solo ha popularizado la clínica privada
Ruber, que asiste a la duquesa de Lugo en sus partos, sino que su
afición a la alta costura ha dado a conocer el nombre de distintos
diseñadores y marcas de lujo. La Casa Real tampoco evitó que los duques
de Lugo lucieran la marca Fumarel en su ropa cuando acudieron a Sydney
–la Infanta es presidenta del Comité Paralímpico español– a apoyar a la
selección española en las Paralimpiadas del año pasado. Tampoco hay que
olvidar que tanto el Príncipe como la infanta Cristina han formado parte
de la selección olímpica de vela, él en Barcelona y ella en Seúl, que
cuentan con distintos patrocinadores.
Al Rey tampoco le dolieron
prendas cuando vistió, igual que el presidente de la Comunidad
Valenciana, el polo oficial del Bravo España, representante español en
la Copa América de Vela, que incluía los logotipos de Endesa, Bazán o
Amena. O cuando la Reina posó en la puerta del restaurante Lucio –con el
cartel arriba, bien visible– junto a Ana Botella y Laura Bush.
Pero es, quizá,s cuando la
familia real acude a esquiar a Baqueira Beret o a Sierra Nevada, cuando
se hace más evidente la exhibición de marcas de prendas deportivas,
sobre todo en las botas Nórdica, las tablas Rossignol o los anoraks
Descente.
Pero no acaba ahí el uso que se hace de la
familia real para la promoción de empresas. Este es el segundo verano
que los habitantes de la Zarzuela disfrutan del magnífico yate que un
grupo de empresarios balear decidió regalar al Patrimonio del Estado
para el uso de la familia real. Se trataba de que los ilustres
inquilinos del mallorquín palacio de Marivent continuaran acudiendo a la
isla. Así, una veintena de emprendedores de las islas, ayudados por otra
decena de nombres, sobre todo catalanes, –ver siglo nº 417– hicieron
aportaciones económicas destinadas a construir un nuevo yate que
sustituyera al antiguo Fortuna –también un regalo del rey Fahd de Arabia
Saudí a Juan carlos– que había sufrido diversas averías. Al final, el
barco costó 3.000 millones de pesetas, que se justifican al ser una
embarcación única en el mundo. El yate, que comenzaron a utilizar el
pasado verano, reúne lo último en alta tecnología. Está totalmente
realizado en aluminio y dispone de una planta propulsora combinada con
motores diesel y turbinas de gas que accionan, a través de los
correspondientes engranajes reductores, tres chorros de agua. El
resultado es una velocidad punta de más de 60 nudos –más de 100
kilómetros por hora–, casi el doble de la del antiguo Fortuna y una
autonomía aproximada de 600 millas náuticas a 48 nudos de velocidad. Sus
dimensiones también superan al anterior yate del Rey al pasar de los 30
metros de eslora a los 41,8 y transformar los cinco camarotes pequeños
en otros cinco dobles, además de contar con un camarote destinado a la
tripulación.
Todo, para que la familia
real siga acudiendo a descansar a la isla de Mallorca. De hecho, en la
actualidad, la imagen de Palma de Mallorca está indisociablemente unida
a la del palacio de Marivent, residencia estival de la familia real
española. Situado en Cal Mayor y de cara a la bahía, este edificio fue
construido en 1923 por el arquitecto mallorquín Guillermo Forteza para
Juan de Saridakis, un artista griego, ingeniero de profesión, que
decidió afincarse en Mallorca cautivado por su luz y su paisaje. A él,
una vez que la viuda del arquitecto cedió la finca al Patrimonio del
Estado, acuden los reyes desde hace años y sus hijos. Previendo que las
infantas y el Príncipe formarían sus propias familias y Marivent
comenzaría a quedarse pequeño, el Gobierno balear, a mitad de la década
de los 90, firmó un convenio con el Ministerio de Defensa para hacerse
con la cesión, por 99 años, de unos terrenos anexos a Marivent que están
ya siendo destinados al uso de la familia real. Se trata de la finca
Sont Vent, de cuyo mantenimiento y conservación se está ocupando el
Gobierno balear. De hecho, el palacio que incluía la finca ya ha sido
rehabilitado y fue estrenado por los Reyes de Bélgica el pasado mes de
agosto, y está previsto que la próxima primavera finalicen los trabajos
de rehabilitación de otra pequeña edificación –unos 70 m2–, antigua casa
de posadero, y otro edificio de dos plantas –unos 150 m2-, antigua
residencia de oficiales.
Mallorca servirá de
campamento base para todos lo miembros de la familia real, sin embargo,
se espera que se ausenten también para acudir bien a actos oficiales –el
Príncipe acaba de asistir a la transferencia de poderes a Alejandro
Toledo en Perú– o a citas sociales. De hecho, está confirmado que don
Felipe asistirá a la boda del heredero noruego Haakon Magnus y
Mette-Mari el 25 de agosto. El que los contrayentes sean amigos
personales de Eva Sannum, la supuesta novia del Príncipe, hace especular
con la asistencia o no de la modelo al enlace y si lo hará o no del
brazo del Príncipe, aunque según aseguran a esta revista –Ver el
reportaje La boda se esfuma en El Siglo nº469– fuentes del entorno del
Príncipe, el heredero ha desistido de una relación que no contaba con el
beneplácito ni de su familia, ni de la Corona como institución.
Precisamente, la Universidad Complutense de Madrid organizó un
encuentro, recientemente, con el título La figura del Heredero de la
Corona y bajo la dirección del ex jefe de la Casa Real Sabino Fernández
Campo, en el que se abordó el futuro matrimonio del Príncipe. Pese a lo
trascendente de la cuestión, el encuentro sólo contó con doce inscritos,
lo que llevó a algunos a insinuar que la Casa Real no creía conveniente
su celebración y habría evitado que la universidad lo hubiera
publicitado convenientemente, un aspecto al que resta importancia
Fernández Campo, quien ha mostrado a El Siglo su satisfacción por el
desarrollo del curso.
Tras la boda en Noruega, don Felipe regresará a
Mallorca a pasar los últimos días de descanso. Precisamente en Marivent,
recibirá el Rey, como es habitual, al presidente del Gobierno, como
mínimo en dos ocasiones. La primera a principios de mes, tras el último
Consejo de Ministros, y, en compañía de Ana Botella, a mediados de la
segunda quincena. Sin duda, el monarca tendrá ocasión entonces de
aclarar con Aznar la usurpación de funciones constitucionalmente
establecidas para la jefatura de Estado de la que ha dado muestras
últimamente el presidente del Gobierno. |