La boda de Pepe I Botella
Por Fernando Mora Rodríguez.Cuando José Mari contrajo matrimonio con Ana Botella todo pasó desapercibido. Nadie en España - salvo allegados, amigos y familiares – tuvieron conocimiento del evento, y aún así muchos españoles hubieran gustado de los fastos que entonces acontecieron en un enlace de familias bien, allegadas a lo más florido y granado de la burguesía adicta al antiguo régimen.
Ahora, en el Escorial, José Mari, ahora Pepe I Botella, quiso tener la boda que le negaron los tiempos y volvió a contraer matrimonio en el Real Monasterio. José María Aznar y Ana Botella, en todo su poderío, demostraron a España, ante los ojos sorprendidos de los auténticos titulares de la monarquía, que él va bien, que la España oficial, la de Rato, Rajoy y Mayor Oreja, la de Monseñor Rouco, Florentino Pérez, el Butanito, la de Enrique Múgica y Miguel Boyer, la Presley, Raphael, Iglesias, Pedro Jota, Agata Ruiz de la Prada... va bien. Que aquella era Boda de prosapia, que le elevaba a la cumbre, a la gloria " in excelsis Deo ", pasando de ser Jose Mari, el hombre de los mil espejos, a ser Pepe I Botella "Imperator". Todas las glorias y poderes terrenales de las Españas – banqueros, ministros, empresarios, constructores, Opus Deis, ex – ministros, toreros, niñas del corazón y la pasarela, Legionarios de Cristo, buscafortunas, bailaoras,.... - acudieron a la Misa de la Coronación en el explendoroso pero austero marco que concibiera en su día el mismísimo Rey Felipe II. En la cohorte, Blair y Berlusconi, representantes ilustrados del Sacro Imperio Romano, pero con la significada ausencia de Bush, al que no le gusta la sombra de ningún señor.
Acto de la España cañí, película al estilo de Berlanga – que bien pudiera titularse " El espantajo Nacional " -, algo así como los Santos Inocentes, o el surrealismo llevado al realismo mas abstracto. Frufrú de Pamelas, vestidos vaporosos de tiros largos, sedas naturales, fucsias, blancas, rojas, violetas, chaqués, pelos engominados, pudorosos escotes, perlas, joyas y bisutería fina... Era un conglomerado entre los glamouroso y lo hortera, de una España plural de pensamiento único: la del poderío, pero también la pija, la de la charanga y la pandereta, la España rancia con sabor a naftalina, y la del recuerdo de las bodas de otros yernos y otras nietas, pero en cualquier caso una España distante y distinta, la de una España Oficial llena de agradeceres que se reflejan en ostentosas e interminable listas de boda.
Todo un bodorrio de tintes feudales en pleno Siglo XXI, donde el contrayente no dudó en hacer esperar a los Reyes de España hasta veinte minutos, saltándose toda regla de protocolo, cortesía, puntualidad y buenas costumbres. Era un mundo de girándulas, de tíos vivos, de norias que giran en torno al eje de un ego ensalzado hasta el paroxismo, donde el poder del voto democrático de los ciudadanos se ha trasformado en gloria mundana de un único personaje: Es la Era de la España que va bien para los que les va bien, la de Pepe I Botella.
La escenografía, coreografía y dirección fue obra de Ana Botella. Y como acompañantes destacados dos extras que lo hicieron muy bien para parecer los protagonistas sin serlo, una niña llamada Ana, y un tal Agag, – político y banquero, o viceversa -, con dotes de extraordinario actor y con cara de buscar fortuna.
10.09.02
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