Nombres de laboratorio
HENRIKE KNÖRR
Hace apenas tres meses, el 12 de enero, falleció en Madrid Manuel Aznar Acedo, padre de José María Aznar López. Contaba 84 años de edad. Los periódicos se hicieron eco de la noticia no sólo por la relevancia del hijo, presidente del Gobierno, sino por los importantes cargos que tuvo el difunto. Se le calificaba de renovador de la radio en España, destacándose que fue director de programación de la Cadena SER en la década de los cincuenta y que en 1962 otro Manuel, Fraga Iribarne, entonces ministro de Información y Turismo, le nombró director de Radio Nacional de España. Las necrológicas decían asimismo que Manuel Aznar había nacido en Bilbao en 1916. Pero, que sepamos, nadie ha dicho que Manuel Aznar fue bautizado con el nombre de Imanol. En la partida de bautismo, de la parroquia de San Vicente de Abando y en el lugar correspondiente al nombre se lee: «Manuel (Imanol) Aznar Acedo». De modo que a Manuel Aznar, con las aguasbautismales, le impusieron un nombre del santoral de Sabino Arana. Es muy probable que la inclusión de Manuel se debiera a la ideología carlista del
párroco, Julián Landazabal.En realidad, nada tiene de extraño que el niño recibiera ese nombre sabiniano. Su padre, Manuel Aznar Zubigaray, navarro de Etxalar, era en 1916 miembro del PNV, y más bien del sector radical. Después de haber colaborado,en 1912 (con apenas 18 años), en 'La Tradición Navarra', periódico integrista de Pamplona, se trasladó a Bilbao, donde casó con Mercedes Acedo Villanueva. Escribió en el diario nacionalista 'Euzkadi', fundado en 1913. Manuel Aznar firmaba su columna 'Imanol'. También utilizó el pseudónimo 'Gudalgai' (recluta) en otros escritos, y sobre todo en sus famosas crónicas de la Primera Guerra Mundial. Mencionemos asimismo que en diciembre de 1914 estrenó en el teatro Campos la obra 'El jardín del mayorazgo', que Gregorio Morán tilda, y con razón, de «furibundamente antiespañola». Manuel Aznar era asiduo de la célebre tertulia, un tanto variopinta, del café Lyon d'Or, a la que asistían Unamuno, Zuloaga, Sánchez Mazas, Balparda, el doctor Areilza, Mourlane Michelena, Lequerica, Ramón de Basterra, Zugazagoitia y otros.
Después, Manuel Aznar Zubigaray siguió recalando en varias ideologías. En 1918 ya le tenemos como director de 'El Sol' de Madrid. Hay luego, a partirde 1922, una etapa cubana. En la isla caribeña dirigió sucesivamente dos periódicos. Al proclamarse la II República, volvió a España, retomando la dirección de 'El Sol', y significándose claramente a favor de Maura y su republicanismo conservador. El 18 de julio de 1936, corrió a Burgos, a ponerse al servicio de los sublevados, pero, según dicen, poco faltó para que le fusilaran allí mismo, recordando su pasado poco patriótico (patriótico españolista, se entiende). Al final le premiaron su labor depropaganda, particularmente como cronista militar en prensa y en los libros (por ejemplo, 'Historia de la Cruzada', de 1943-1944). Entre sus cargos estuvo la dirección del 'Diario Vasco', 'Semana' (que fundó con Manuel Halcón), 'La Vanguardia' y la agencia EFE. Y en medio, su carrera diplomática: embajador en Estados Unidos, en la República Dominicana, en Argentina, en Marruecos y en las Naciones Unidas.
Pero volviendo a Manuel Aznar hijo, es decir, a Imanol Aznar, hace ya muchos años que el vascólogo gasteiztarra Odón Apraiz Buesa (1896-1984) me habló de él y de su nombre sabiniano, y de una carta que él le había escrito a Madrid en cierta ocasión. Esa cierta ocasión fue un homenaje que se le tributó en 1967. La carta es del 21 de febrero y dice así: «Imanol Aznar y Acedo. Castellana Hilton. Madrid. Distinguido y estimado señor mío: Por el diario 'Madrid'ÿhe sabido del homenaje que se le prepara para el próximo miércoles.No tengo el gusto de haberle tratado. Pero sé que su nombre oficial es Imanol y conocí a su padre y a su tío materno, el famoso deportista bilbaino Acedo. Con Manuel Aznar y Zubigaray tuve buena amistad. Le conocí en Dima.Luego dio una conferencia en Vitoria. Y con los seudónimos Imanol y Gudalgaifue mi admiración de mis tiempos juveniles. Luego, desde 'El Sol' me ofreció su amable intervención con la embajada de Yugoslavia. Bihotzetiko zorionak. Zurea. Cordialmente, Odón Apraiz».
Imanol es uno de los nombres del nomenclátor de Sabino Arana, dado a conocer a partir de 1898 y publicado como libro póstumamente, en 1910, por su discípulo Luis (o Koldo) Eleizalde con el nombre de 'Deun-ixendegi euzkotarra' ('Santoral vasco'). Hoy es difícil imaginar el terremoto que significó la extensión de esta lista de nombres, la inmensa mayoría artificiales y arbitrarios. Las discusiones llegaron hasta Roma, pues al principio la Iglesia no permitía su empleo y mucha gente amenazaba con no bautizar a sus hijos. Al poco de aparecer el libro, el 17 de marzo de ese mismo año, Julio de Urquijo, el fundador de la 'Revista Internacional de Estudios Vascos', publicó en el diario bilbaino 'El Pueblo Vasco' un artículo cuyo título es bien expresivo: «Ni Kepa ni Koldobika son nombres vascos», y el navarro Campión llamó al libro de Arana-Eleizalde «mascarada del santoral corriente».
Por lo que toca al Registro Civil, y tras un pequeño resquicio legal en1919, hubo que esperar a la República para la legalización de los nombres tanto de esta lista como otros, por ejemplo, Pizkunde (Resurrección), o Aberri (Patria), lo mismo que para los preferidos de los anarquistas, por ejemplo Liberto. Los franquistas quisieron acabar con ello mediante la Orden del 18 de mayo de 1938. En el texto se habla de «la morbosa exacerbación en algunas provincias del sentimiento regionalista, que llevó a determinados Registros buen número de nombres, que no sólo están expresados en idioma distinto al oficial castellano, sino que entrañan una significación contraria a la unidad de la Patria».
Las severas restricciones no empezarían a suavizarse hasta 1957, cuando una ley permitió los nombres vascos sin equivalente castellano. Pero los problemas continuaban, naturalmente. La antología del disparate tiene perlas como la de un juzgado madrileño que rechazó la inscripción de Amaia por «extravagante y no cristiano» (¡cuando el personaje de la novela del vianésNavarro Villoslada es espejo de virtudes cristianas!).
En conjunto, no son muchos los nombres del laboratorio de Arana-Eleizalde que han tenido éxito: Imanol está entre ellos, al costado de Iñaki, Josu, Miren, Agurtzane y otros. Hace bien este viejo pueblo nuestro en preferir nombres de raigambre más genuina, con paralelos o no en la tradición europea (es decir, Mikel o Luzia, de un lado, y Ainhoa y Estibaliz, de otro). Claro que luego viene algún político y dice que los detenidos en las revueltas callejeras tienen nombres vascos, y que por consiguiente el euskara y el terrorismo están intimamente relacionados. ¿Y qué nombres tienen losjugadores del Athletic? ¿O acaso espera nombres de Bangladesh?
24.04.01
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